Souldeth VIII

Capítulo FINAL

 

Muerte y Maldición

Dayreen y su madre paseaban por una plaza en el centro de la ciudad de Reiki, una zona bastante adinerada en la que solo los privilegiados podían pasearse sin preocupaciones, era uno de sus lugares favoritos, pues los juegos infantiles y el resto de los niños brindaban tranquilidad a quien estuviera cerca, era algo parecido al cielo de los niños, de hecho, así le llamaban a ese lugar en particular, el ruido de las risas de los pequeños inundaba el aire, las pláticas de las madres y de vez en cuando uno que otro grito de susto por algún niño que podría caer de algún juego se unían a este rompecabezas de felicidad.

Ayleen esperaba sentada en una banca, mientras su hija se balanceaba en un columpio, su hija se había enfermado de pequeña de un brote de polio que volvió después de 3000 años de haberse erradicado, esa segunda oleada había afectado las cinco grandes ciudades de Rakesh, y había acabado con miles de niños en las aldeas más desprotegidas, en algún momento después de erradicarse el VIH este tuvo una mutación que los científicos llamaron el VIHM una enfermedad que acababa con el portador en menos de 48 horas, fue entonces que Emilo Kristoff descubrió la vacuna a partir de una droga llamada Lsd y la combinación de células madre con etanol, las bromas entre la ciudad radicaban en pensar cómo fue que se le ocurrió mezclar estas tres sustancias se preguntaban, “Seguro le se estaba drogando con combustible y un cordón umbilical” decían, todo esto era muy gracioso, pero en el fondo todos agradecían que alguien hubiera logrado acabar con aquella enfermedad que mató a más del veinticinco por ciento de la población del mundo.

Muchos de los puristas achacaban aquellas enfermedades a la unión de razas que se había llevado a cabo en el año 3225 d.c. cuando pruebas de científicos por fin habían comprobado que el mestizaje interracial era un hecho, ya no existían las razas puras, aunque los extremistas aun defendían el derecho de los indo alemanes o de los americasiaticos como razas evolutivas, las guerras cesaron, un nuevo continente unificado había tomado el lugar de lo que alguna vez se conoció como Asia y Europa, y a pesar de la lejanía de América y Australia, habían logrado anexarlos en el año de 2456 d.c. convirtiéndose así en Pianegia que en el idioma antiguo significaría “Pangea 2” después de la tercera guerra mundial el idioma estaba unificado, la moneda tomo doscientos años más pero finalmente se había logrado, en los últimos 3000 años, Ayleen de solo 32 años agradecía el haber existido hasta entonces, pues los avances a comparación de sus antepasados eran enormes, pero al mismo tiempo tenia cierto mal sabor de boca por haber concebido a su hija en el segundo gran brote.

Tenía la suerte de haber encontrado a un hombre que la cuidaba y la protegía  por sobre todas las cosas, pero al mismo tiempo, la realidad nos golpea a todos, pues a pesar de ser ese gran sujeto que te defiende y te apoya aun en contra de los ideales de los demás y de ser un esposo romántico y sacrificado, también era un padre ausente, las responsabilidades consumían a aquel empresario, la necesidad de tener todo en orden para su familia era infalible, no había razón o situación que lo mermaran de cumplir con sus compromisos en pro de lograr que Dayreen tuviera todo y más, lástima que a la postre lo que más desearía fuera tener as tiempo a su padre en casa.

Pero con Ayleen sabía, la vida era una cosa de locos últimamente y lo que más importaba era la seguridad y estabilidad de Dayreen, por aquel entonces para una niña enferma y con la escasez de recursos, la estabilidad no se compraba con algo que no fuera dinero y su esposo conseguía mucho.

Casi había llegado la hora de regresar a casa, era una fecha especial, pues no solo se cumplía un año más de casados, sino que en una semana seria el cumpleaños de su hija, así que como sorpresa y por idea de su esposo, este regresaría a la ciudad y tendrían un cumpleaniversario los tres juntos, su hija no tenía ni la menor idea de que pronto iban a cumplir uno de sus más grandes deseos, el cual era compartir unas vacaciones en familia, todo estaba listo, no había nada que pudiera detenerlos, nada, excepto la muerte.

El señor Renier había viajado toda la noche, en un avión que lo llevaba desde el continente vecino hasta su casa en Reiki, no había podido conciliar el sueño en todo ese tiempo, pues se la había pasado realizando llamadas a todos los lugares donde había hecho reservaciones para pasar con su hija Dayreen y su esposa Ayleen, ni siquiera las seis horas de vuelo le habían hecho claudicar en su esfuerzo por tener todo preparado, era un hombre bastante organizado, pues al tener un padre de ascendencia japonesa se le enseño lo que era la disciplina como un código de honor, sus intensos ojos grises parpadeaban de vez en cuando, como cuando tu cuerpo te pide reposo pero tus ánimos y tu felicidad no se lo permiten,  Dayreen estaba por cumplir su décimo cumpleaños, y el cumpliría entonces 11 años de casado.

Había conocido a su esposa cuando todavía era un chico, los regímenes de matrimonios arreglados habían vuelto solo para preservar las riquezas en lo que serían las nuevas culturas de abolengo, mucha de la cultura liberalista que se habían formado con los años, habían muerto al comprobarse que solo eran separatistas, aun así, una minoría de personas todavía defendía el derecho a no ser como los demás, estas misma ideologías trajeron destrucción y guerra, fueron estas mismas en oponerse a este tipo de matrimonios, pero sucumbieron ante la despoblación después de las oleadas de enfermedades.

Ya nada de eso importaba, pues después de dos meses volvería a casa solo para estar con sus mujeres, las amaba con un poder incondicional, pero se sentía en deuda por tener que trabajar tanto por ellas, pues las había privado de su presencia, algo que sabía que era indispensable para el amor, pero bajo la situación de una niña enferma, no podía darse el lujo de carecer de nada, así que simplemente hizo lo que su padre hubiera hecho, nadar en una lancha que se hunde hasta la orilla sin claudicar.

Cuando por fin aterrizo, se dio cuenta de que tenía un par de horas de ventaja, así que podría sorprender a ambas cuando llegara a su destino, iría a su encuentro sin avisar en lugar de llegar a la casa como se había pactado. Su carro de alquiler lo esperaba en el lugar acordado, guardo sus maletas y encendió el motor, el viaje a la felicidad estaba a la vuelta, solo tenía que conducir sin detenerse, solo eso.

Dayreen estaba verdaderamente divertí con el resto de los chicos de la plaza, había subido a cada uno de los juegos sin pensarlo dos veces, aunque en algunos de ellos los fierros de su perna le estorbaban, esto no fue impedimento para que sonriera con cada uno de sus balanceos en los columpios, ni tampoco el rechinido del metal fue tan fuerte para evitar su desliz en el resbaladero, nada podía detenerla, estaba ahí ara ser feliz y ninguna enfermedad podría prohibírselo su madre le había enseñado bien a ser normal y así sería por siempre.

Ayleen se dio cuenta por su reloj de que la hora de irse ya estaba cerca, se había esforzado en preparar un recibimiento de reyes para quien era el rey de la casa, así mismo había hecho maletas para ella y su hija, la sorpresa seria mayúscula cuando de la nada llegara su padre y solo tuvieran tiempo de subirse al auto para viajar en familia, como ella siempre soñó.

– Dayreen hija, tenemos que irnos – dijo Ayleen sospechosa

– Pero mama, apenas son las cinco de la tarde  siempre estamos aquí hasta las seis o siete, además estoy jugando y no quiero irme aun – respondió la niña

– Tenemos que llegar a casa a hacer tarea, además, no hemos comido y yo muero de hambre, tengo tanta hambre que si no vienes ahora me comeré a alguno de tus amigos – dijo sonriendo

– Esta bien mama, iré, pero por favor no te comas a nadie, me daría mucha vergüenza que se enteren que mi mama es un caníbal –

Amabas soltaron una fuerte carcajada ante la broma de la pequeña, sin embargo habían perdido valioso tiempo en el intercambio de negativas y bromas que habían efectuado, Dayreen sintió la necesidad de comer algo de helado, su madre, amable como siempre se lo concedió en un momento, pues cruzando la acera, en una esquina, había un lugar que fungía como snack para la gente que se encontraba en la plaza.

Dayreen no era como ninguna otra niña del lugar, pues no tenía predilección por el chocolate, por la vinilla o la fresa, así que cada visita al heladero era toda una guerra de decisiones entre ella y los sabores, esto le causaba mucha gracia a su madre, pues siempre le atribuía esa clase de herencia a su esposo, quien era tan habido de todo que le costaba inclinarse por algo, más de una vez se lo había hecho notar, pero lo tomaban como una simple broma a pesar de que era completamente cierto.

Después de lograr decidir entre el menú helado, siguieron su camino, a paso lento pues entre cargar con el helado y la enfermedad de la pequeña, avanzar era un poco más complicado de lo habitual, sin embargo llevaban tiempo de sobra para servir algo de comida y esperar a que llegara su esposo, no había margen de error.

Llegaron a la entrada de la casa, habían terminado por completo sus helados y solo esperaban entrar a terminar con las labores domésticas, comer y por supuesto hacer los deberes de Dayreen, eso era lo que esperaba la pequeña por lo menos, Ayleen introdujo la llave, se disponía a girar la perilla de la puerta cuando un sonido eléctrico la interrumpió, el portón de la cochera se estaba levantando poco a poco; no podía ser otro que su esposo, voltearon al mismo tiempo, solo para verlo de pie frente a ellas, recargado en un automóvil de alquiler.

Ayleen miro los ojos de su hija, eran cristalinos, grises como los de su padre, pero llenos de vida, se estaban llenando de lágrimas, eran lágrimas de sorpresa y felicidad, la lleno de ternura ver como de inmediato arrastro su pierna enferma en dirección a los brazos que le había extendido su padre

– ¡Papaaa! ¡Papaaa! ¡Papaaa! ¡Papaaa! Estas aquí, viniste por nosotros, te he extrañado demasiado, pero viniste –

– Claro que he venido por ustedes, y yo también te he extrañado mucho, todos los días me la pasó pensando en ustedes, no hay día en que no quiera volver solo para verlas – Respondió con un tono quebrado

Cada visita era igual, creía que era u hombre fuerte, sentía que tenía la mejor suerte del mundo, pues tenía esas dos mujeres que le amaban incondicionalmente, pero al final de su visita siempre se daba cuenta de que tenía la peor suerte del mundo pues pasarían meses antes de volver a dormir al lado de su hija y de levantarse con su esposa, como fuera, ya estaba ahí y nada podría arruinar ese momento.

Entraron a la casa enseguida, el aun cargaba a su hija en brazos, Ayleen se apresuró a servir la comida, mientras Dayreen estaba impresionada con las historias de los viajes de su padre, se sentaron todos a la mesa a compartir esa celebración en familia que era degustar los alimentos, dieron gracias por estar juntos una vez más, pero aún faltaba lo más importante que era comunicar a su hija de los planes que tenían por delante.

La cara de Dayreen se ilumino cuando se enteró de las vacaciones y todos los días que estarían juntos, era el mejor regalo de cumpleaños que podría recibir, no había nada que se le igualara, pues su sueño era precisamente ese, tener a su familia reunida. Subieron las maletas al auto, la razón por la que el rentaba siempre uno era porque la agencia se encargaba de revisar que estuvieran siempre perfectos y listos para los viajes en cualquier momento, así no tendría que arriesgarse o a su familia a que algún desperfecto estropeara ninguno de sus planes, salieron a toda marcha, ojala hubiera sido más consciente, ojala hubiera tenido la precaución de preocuparse más por su propio estado y menos por el del auto, pero la emoción era tal y el tiempo sin verlas era tanto, que simplemente paso por alto que el desperfecto podría estar en él.

Entraron rápidamente a la carretera, haciendo juegos de viaje como el de las placas o el color de los autos, en algún momento bajo la ventanilla de su auto, encendió un cigarrillo, Ayleen lo miraba con desagrado, odiaba el olor de cigarro, pero más odiaba saber que su esposo se estaba haciendo daño con ese veneno.

– Ese vicio que has adquirido en tus viajes, no es nada bueno amor, lo que es peor no me gusta pensar que puedes enfermarte –dijo preocupado

– La verdad es que no es un vicio princesa, solo fumo para verme elegante con los demás accionistas, hace que me vea elegante y conocedor, a veces uso lentes también y me hacen ver misterioso e intelectual, y ni te cuento que pasa cuando fumo en pipa, porque te pondrías celosa – respondió haciendo una voz de hombre interesante

Dayreen tampoco era fan del cigarro de su papa, pero tenía que admitir que el chiste había sido una obra de arte y soltó una risotada sonora y estruendosa, lo que hizo que de inmediato su madre se contagiara también, el momento tenso se había vuelto un momento agradable, tal vez era porque sabían que no merecían tener diferencias en estos días tan importantes.

Habían pasado un par de horas más, Ayleen y su hija estaban tan agotadas que se habían quedado dormidas, no había querido ser el causante de que se interrumpiera su sueño, así que no las molesto, pero el cansancio ya se hacía presente en su persona, había algunos lugares de descanso a un par de kilómetros y se decidió a llegar, pues sus ojos se habían vuelto más pesados que los portafolios llenos de papeles que diariamente cargaba a sus juntas, y vaya que eran pesados, muy pesados.

Su salvación estaba en la siguiente salida, casi podía verse llegando al acotamiento y al pequeño hotel que se encontraba ahí, eso les permitiría dormir un par de horas, tal vez dos o tres eran todo lo que necesitaba, pudo verse a sí mismo acostándose en la cama y descansando, lo que no vio, fue el auto que venía en sentido contrario y a el mismo invadiendo el carril, aun con si cigarro colgando de su mano.

El sonido del choque fue espantoso, tanto que sirvió para despertar a su esposa y a su hija, pero el golpe había sido tan duro que las había dejado inconscientes de manera inmediata; el carro giro de forma instantánea y termino fuera el camino. Cuando volteo a ver a su esposa y a su hija, vio grandes manchas de sangre, en sus rostros, pues aunque ambas llevaban el cinturón de seguridad, el coque de sus frentes con las ventanas les había causado mucho daño, personalmente el no sentía su brazo izquierdo, pero veía su mano aun aferrada al cigarro, grito con mucha fuerza, pero no recibía respuesta, lo único que realmente lo hizo moverse, fue el darse cuenta que la gasolina que se había escapado del tanque, hacia contacto con la ceniza un encendida de su cigarro, lo que ocasiono que una llama se encendiera.

Con su brazo derecho se liberó, pudo soltar los cinturones de sus dos mujeres, saco a su hija en primer lugar con un solo brazo, pues el otro estaba completamente roto, la puso lejos del lugar, pero tarde comprendió que el fuego es rápido y voraz, cuando regreso por su esposa, este y se encontraba incendiando una gran parte del auto, lo que era peor, la puerta estaba atorada, no podía llegar ni despertar a Ayleen, lloraba y gritaba, pero nadie se acercaba a prestar ayuda, con terror vio que el fuego ya se encontraba sobre un costado de su esposa y estaba quemándola, eso le hizo tomar fuerza sobre humana y lograr abrir la puerta, jalo a su esposa hasta donde estaba Dayreen y pago las llamas.

Ayleen solo recobro el sentido para decirle un par de palabras justo antes de perder el conocimiento nuevamente.

– Te amo, siempre te he amado y jamás dejare de hacerlo, a donde quiera que vaya, te esperare con todo mi amor, cuida a Dayreen y asegúrate de que sea feliz por siempre –

Eso fue lo último que escucho de su esposa, o por lo menos eso fue lo último que escucho antes de desmayarse, los tres cuerpos quedaron a la orilla de la carretera, los sonidos de las ambulancias se escuchaban a lo lejos, el conductor e otro auto, jamás pudo salir de él.

La figura del enterrador cargando a la pequeña Dayreen se paseaba por el cementerio, la niña no se movía ni un centímetro, al lado del enterrador un grueso hombre vestido de guardia le hacía compañía, los ojos de ambos eran escarlata

– ¿Así que, finalmente así fue como murió tu esposa Shane? – Pregunto Dood

– Si, Dayreen es mi hija, Ayleen es mi esposa, el hombre del otro auto era un hombre de raíces francesas que servía en el ejército, estuvo tres meses en coma, justo el tiempo que tarde en recuperarme y llegar a este lugar, yo enterré al hombre que mate –

– Las tumbas que visitabas, eran la de tu esposa y la de aquel hombre entonces, pero tengo una duda ¿Qué hay de esta tumba que esta al final del cementerio en la zona sur? –

El silencio se prolongó hasta que llegaron a la tumba mencionada, ahí el enterrador depósito el cuerpo de Dayreen, que fue desvaneciéndose hasta formar parte de la tierra, el enterrador como cada noche puso una rosa al lado de la tumba

– ¿Entonces ella también murió? –

– Si, no resistió el golpe en la cabeza, cuando me entere busque morir, rogué a Dios por mi muerte, se lo pedí a los ángeles y hasta al mismo Diablo, pero ninguno me respondió, solo hubo alguien que escucho mis plegarias – Shane se mostró misterioso

Unos días antes de salir del hospital, alguien me visito, un extraño hombre de capucha negra que se sentó a mi lado a hablar conmigo sin permitirme decir nada.

“Veo que has estado buscándome por todos lados, parece ser que de verdad tienes la intención de morir, tu nombre aun no está en mi lista, pero debido al ferviente deseo con el que profesas tu deseo de mi beso eterno, y además a que conozco la razón de tu determinación, te propondré algo, tengo la eternidad siendo el mensajero del fin de la vida, soy temido, odiado y venerado, pero he llegado a sentirme cansado, te daré mis ojos, te prestare mi poder, así podrás ver a tu hija cada noche en el cementerio, podrás acompañarla y llevarla de vuelta al inicio de cada mañana, pero debo advertirte que jamás deberás permitir que se entere de quien eres, jamás deberás hablarle de la verdad ni podrá ver tu rostro, ayudaras con tu vista escarlata a cruzar a los espíritus que creas convenientes, esa mirada los absorberá llevándolos al cielo o al infierno según corresponda, estarás a disposición de los humanos hasta que llegue la noche, serás yo, seré solo un supervisor de tu trabajo, tienes una oportunidad de decidir así que escoge sabiamente ¿Lo tomas o lo dejas?”

– Y mírame aquí contigo, utilice toda mi riqueza para comprar este lugar, soy el dueño de Souldeth solo para poder hacer esto cada noche –

– Debo admitir que estoy impresionado Shane, nunca he conocido un hombre con tanta devoción y valor como tú, estoy a tus ordenes –

Frente a ellos apareció una imagen, un encampuchado con un cayado en su mano derecha, con su mano dejo su rostro descubierto, era ella, era la muerte, apunto hacia ambos.

– Interesante elección Shane, veo que le has compartido mis ojos, me gusta de verdad, es momento entonces, de que me regreses tus ojos y Dood se haga cargo, ven a mí y te cruzare, te llevare donde tu esposa y Dood llevara a tu hija en cuanto despierte, es momento de que descanses, agradezco tus servicios –

Shane se acercó y recibió la absolución de la muerte, sus ojos brillaron y el despareció, así la historia tendría que volver a comenzar. Souldeth es un lugar de reposo eterno, pero al mismo tiempo era un ser vivo, lo que pasaba ahí, solo podría entenderse si eres parte de él y pronto todos estamos destinados a serlo…

souldeth 7

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Souldeth VII

Capítulo VII

 

Conocimiento

Dayreen huía frenéticamente, tanto como sus piernas enfermas le daban para correr, tenía miedo, pero no era la primera vez que se enfrentaba a él, no dejaría que nadie se interpusiera en su misión, llegara  a la tumba de su madre, aunque le costara su vida misma.

Todas las mañanas eran difusas, las tardes eran obsoletas, su único fin era visitar a su madre, como cada noche ella se proponía llegar a visitarla, así como su madre la cuidado y alimento cada vez, ella jamás faltaría a su palabra, y no había fantasma o enterrador que la hicieran desistir, ella no abandonaría su promesa.

Camino por el ultimo pasillo, esta vez viendo cada uno de los sitios de descanso en el cementerio, se encontraba a no más de 3 pasillos de su objetivo, pero la presión de saberse perseguida la hacía ir más lento en lugar de más rápido, respiraba algo agitada, necesitaba descansar; pero no podía detenerse en este momento, había perdido demasiado tiempo jugando con los chicos, ayudando a Sarah y Amiel, escuchando la triste historia de Aziza, deseaba tanto que su padre estuviera ahí, pero como siempre, él no estaba cuando más le necesitaba, tuvo que reponerse de ese pensamiento casi de manera inmediata, todo para seguir adelante.

Le quedaban solo dos pasillos, podía imaginarse llegando a la tumba a cantar a su madre, sabía que al llegar ahí, solo tendría que esforzarse de nuevo un poco más, llamaría al espíritu de su madre, ese, era su gran secreto, paso tanto tiempo por tantas noches llamándola sin encontrar respuesta, por eso iba cada noche y no en otro horario, para buscar la intimidad de la soledad y el silencio, con la esperanza palpable de por fin reunirse con ella y abrazarla una vez más, pero hasta ese día jamás había logrado hacer contacto, a veces pensaba que su madre la había olvidado, tal vez era demasiado feliz donde estaba para volver con ella, tal vez Dios no la dejaba bajar a su lado un momento, no lo sabía, pero no dejaría de intentarlo.

Tuvo que detenerse pues su pierna no la dejaba avanzar más, escucho un ruido detrás de ella, ¡eran pisadas! Sintió que perdió el color que tenía en el rostro, su pierna buena se quedó clavada en el piso como si pesara una tonelada, la sombra que se acercaba a ella se acercaba de prisa, el miedo no dejaba que su mirada enfocara de manera correcta, ¿Eso era todo? ¿Estaba por ser atrapada y desaparecería para siempre? No era justo, ¿Por qué el enterrador era tan malo? Fueron solo algunas de las preguntas que le cruzaron por la mente justo antes de perder el equilibrio y caer de espaldas, cayo por alrededor de 3 metros, perdió el conocimiento. Su cuerpo yacía inconsciente en el fondo de un hoyo que había sido cavado para recibir un cuerpo nuevo a la mañana siguiente.

No sabía cuánto tiempo había pasado, abrió sus ojos lentamente y la sombra que inicialmente la había asustado estaba frente a ella, pero al recuperar por completo su campo de visión y también su calma pudo ver claramente que no se trataba del enterrador, sino de alguien más, su cuerpo ya no estaba en aquel agujero donde recordaba haber caído, sino a un lado de él, recargado en una lápida y frente al aquel hombre de bigote extremadamente largo y barba en forma de pico, la miraba fijamente; no parecía alguien malo, parecía más bien alguien tan confundido como ella.

– ¿Pero qué es lo que te ha pasado pequeña? ¿Es que acaso has visto un fantasma? – el hombre sonrió

Tú no eres el enterrador, ¿Quién eres tú? –

– Mi nombre es Jean Paul, tengo aquí largo tiempo, te he visto muchas veces ya por aquí, vi lo que hiciste con la pareja de judíos, tengo que decirte que estoy impresionado en mi país diríamos que lamour vous benisse  –

– Mi nombre es Dayreen y no te había visto por aquí nunca, pero no tengo tiempo de platicar no nadie, ¿tengo que irme de aquí cuanto antes sabes? Alguien me persigue y no puedo arriesgarme a ser atrapada –

– Nadie te atrapara, no tienes nada que temer mon cheri, para eso estoy yo, que siempre he sido un valiente guerrero de las forces armees de France, para protegerte –

– Es que simplemente no me entiendes, la persona de la que huyo podría lastimarte, lo he visto hacerlo con otros antes, y te hará lo mismo si no te vas cuanto antes, el enterrador vendrá por ti y luego por mí –

– Ohhh ya veo, tú le tienes miedo al hombre de los ojos escarlata, aquel que llego el mismo día que yo llegue a este lugar, pero no creo que debas de temerle, no creo que nadie deba temerle a ese hombre, pues una vez que me deposito en el hoyo donde descansa mi cuerpo mortal, pude darme cuenta que otros no han podido, no siempre ha sido el monstruo que todos piensan que es, o tal vez si, solo que los más débiles no concentramos en ver solo el principio de la larga historia de la vida, juzgamos a todos por su muerte y no por la manera en que se vive la vida, el ser humano es demasiado extraño –

Dayreen no pudo ocultar su sorpresa, no podía desviar la atención de aquel hombre, había alguien que conocía algún secreto del enterrador y que conociendo más a fondo no lo consideraba de peligro, ¿Es que acaso aquel francés estaba loco? ¿O es que acaso no tenía idea de lo que enfrentaba?

Cualquiera que fuera el caso, no podía permitirse quedarse con la duda de lo que Jean Paul estaba hablando así que decidió que le propondría algo a su acompañante, sin afán de querer utilizarlo, se propuso abiertamente obtener la cantidad máxima de información, pues bien dices que hay que estar cerca de tus amigos, pero aún mas de tus enemigos, quizá el secreto para derrotar al enterrador, no era otro más que el de conocer lo más posible acerca de él y encontrar un punto débil, al cual aferrarse para protegerse.

– Has dicho que el llego el mismo día que tu ¿A qué te refieres? ¿Es o era tu amigo? – pregunto Dayreen

– No, no es eso a lo que me refiero, es tan amigo mío como el doctor que me receta un antibiótico para un infección, bueno, pues él fue quien sepulto mi cuerpo el día que enterraron mi cuerpo mortal, sé que era su primer día, porque rompí las reglas, no sabía que nosotros solo debíamos estar presentes por las noches y estuve presente en mi funeral, era algo que como un soldado debía de permitirme, después de todo me lo merecía –

– ¿Entonces como sabes que el llego el mismo día que tú? – Pregunto Dayreen

– Bueno, eso fue fácil de notar, recibía órdenes de cómo hacer las cosas, yo deambulaba por los pasillos de este lugar, cuando me topé con él, y con otra persona, parecía un hombre rico, pero no hablo de un hombre con dinero, sino de un hombre que posee todo, y le daba instrucciones a ese hombre de mirada perdida, algo así como cuando ves a un dueño estricto entrenando a su perro, le menciono algunas de las reglas y al finalizar simplemente le dijo, “Este es el primer día del resto de tu vida en Souldeth” a lo que el hombre respondió con un sí, ahí fue que note que mi entierro sería el primero de aquel hombre, pero debo decir que misteriosamente no fue la última vez que lo vi –

– ¿A qué te refieres? ¿Es que acaso lo seguiste? –

– No, no ha sido necesario, cada noche yo me preocupaba de mis asuntos, cuando entendí la dinámica de Souldeth, aquella en la que todos debíamos de correr de la vista de los demás yo empecé a resguardarme en mi tumba, pero este hombre no dejaba de venir cada noche, y cada noche venia exactamente a lo mismo, me platicaba su sentir –

– ¿Me estás diciendo que sin razón aparente te contaba su vida? – Pregunto Dayreen

– No, realmente te estoy diciendo que ese hombre me contaba sus secretos y sus penas, nuca había conocido a nadie que sufriera tal maldición, se dice que el diablo concede coas a cambio de las almas, pero ese pobre infeliz ya no tenía un alma que aportarle al diablo, él es solo un rechazado caminando en el mundo de los vivos –

El corazón de Dayreen dio saltos de lastima, no sabía a ciencia cierta a que se refería el francés, pero después de tanto tiempo en Souldeth y rodeado de aquellas almas, sabía que quizá había algo más en los actos del enterrador, algo que quizá no estaba tomando en cuenta, ella era de las personas que no juzgaban a nadie, y eso lo había aprendido de su madre, pues ella sabía lo que era que te vieran diferente solo por no ser como los demás, en ese momento sintió algo de lastima por el enterrador , pues a ciencia cierta no conocía su historia, pero ese sentimiento la abandonaba, cada que recordaba, que estaba detrás de ella y se intensificaba cuando recordaba los gritos de su pequeño amigo advirtiéndole de su presencia, en esos momentos recordaba el que debía huir, pero al mismo tiempo sabía que de nada le iba a servir si no sabía más de su enemigo.

Jean Paul le había dicho que el vigilaría latente en caso de que el enterrador se acercara, no confiaba al cien por ciento en él, pero combinado con su mirada, creía que tenía cubierta la mitad del camino, eso tal vez podía ser cierto, pero no la exoneraba del peligro de andar completamente expuesta, no perdió tiempo y se dispuso a contarle un poco de lo que había vivido, particularmente ese día.

Repaso cada uno de los momentos desde que llego ahí y fue como lo hizo partícipe de la historia de Amiel y de Sarah, o de la historia de Aziza termino obviamente con la de Kristo y Melessio, no dejo huella a la duda, tuvo que contar su historia misma y la forma como perdió a su madre y se alejó de su padre, todo debido al gran estruendo al que escasamente recordaba, creyó que en ese momento su historia y sus traumas eran los que menos importaban, así que siguió sin poner mucho énfasis en eso.

Jean Paul estaba asombrado, todos decían que los franceses tenían una pasión desbordante, pero ese día lo comprobó al ver las lágrimas de su nueva amiga rodar por sus mejillas, no pudo evitar pensar que Dayreen tenía que ser un ángel, tal vez algo más una mezcla de uno con una pequeña niña, se decidió a protegerla, a costa de lo que fuera, simplemente tenía que encaminarla a la tumba de su madre, después de todo estaba ahí, a un pasillo y medio, apenas pretendía externarle sus deseos a Dayreen cuando esta comenzó a hablarle de su vida, de su madre y de la muerte de esta. Fue entonces que él lo entendió todo.

Dayreen vio la cara de su nuevo amigo cambiar de una extraña manera, no sabía si lo que le había contado había traído algún recuerdo de su vida, tal vez Jean Paul había tenido una hija, o alguna esposa que lo amara, probablemente ambas, así que decidió cortar su historia.

– Juro por mi honor que te llevare a la tumba de tu madre, lo hare, pero antes debes de acompañarme y ver algo con tus propios ojos – dijo Jean Paul

– ¿Qué es lo que quieres que vea? No hay tiempo de nada, el enterrador está detrás de mí, ha hecho desaparecer a mis amigos y si nos encuentra a te hará desaparecer y a mí me capturara, tengo miedo, llévame a la tumba de mi madre o déjame ir – suplico Dayreen

– Mon amor, ¿Qué acaso no te das cuenta?, tu que estas tan llena de amor por los demás aun siendo desconocidos, tu que has parado en cada tumba donde solo la compasión te ha llamado, es momento de que ayudes a la última persona antes de ir a la tumba de tu madre, si mi pequeña niña, es hora de que vayamos a la cabaña de ese a quien tu llamas “El enterrador”.

Dayreen no tuvo respuesta ante aquella lógica aplastante, a pesar de sus sentimientos de negación y miedo ante ayudar a aquel hombre, no podía dejar de lado que su esencia radicaba en hacer el bien sin importar si la otra persona lo merecía o no, pues después de todo, ¿Quién decide quien es bueno o malo? No sabemos qué es lo que ha pasado en la vida de esas personas. Recordó el caso de Dareh el esposo de Aziza, quien desde un principio había buscado el bien para su matrimonio y descendencia y la sed de poder y odio de su hermano lo habían llevado a cometer el peor de los actos para un ser humano, condenando su alma y la de Aziza con él, ella no sabía a ciencia cierta cómo funcionaban las leyes de Dios, pero ella sentía que si aquel del que todos hablaban y oraban era el ser perfecto lleno de perdón y amor, tendría que haber una forma en la que cualquiera de ellos pudiera alcanzar el perdón.

Le llamaba poderosamente la atención que Jean Paul quisiera abogar por el que entonces era el verdugo de los fantasmas y su perseguidor personal, después de todo él había mencionado este le había confiado todos sus secretos, si lo acompañaba, podría saber aún más de él, y definitivamente si iba a su cabaña, podría descubrir cualquier cosa que necesitara para sobrevivir, ¿Y por qué no? De no solo ayudarse a ella misma sino al resto de los fantasmas, tal vez podría recuperar a sus amigos, tal vez podría ayudar a aquel hombre, no lo sabía, pero como siempre, estaba dispuesta a ayudarlo o por lo menos intentarlo.

Otra de las poderosas razones por las que había aceptado aun con los nervios que sentía al dirigirse hacia el lugar donde descansaba el enterrador, era su madre, pues estaba seguro que ella no habría dejado de darle una oportunidad de reivindicarse a aquel hombre. Sentía que si ella li intentaba, su madre estaría verdaderamente orgullosa de ella, aunque sus acciones siempre eran buenas, como las de ayudar a los espíritus tristes, en el fondo tenía que admitir que también había algo de egoísmo en su actuar, esperaba que con cada ayuda que ella daba, Dios la tomara en cuenta para poder ver a su madre, incluso si no era así, ella quería asegurarse de que algún día sus almas estarían en el mismo lugar, viviendo la eternidad y esperando a su padre, los extrañaba demasiado a ambos.

Jean Paul caminaba de manera rápida entre los pasillos, tratando de reducir el tiempo de ambos para hacer lo que pretendían, y que Dayreen pudiera llegar a la tumba de su madre antes de que amaneciera, pues finalmente al amanecer, ya no podría intentar contactarse con ella sin riesgo a ser descubierta por el resto de los visitantes.

– ¿Sabes algo pequeña? Después de escuchar todo lo que me has dicho, de convivir contigo y poder conocer un poco más de tu alma me doy cuenta por completo de que aun te falta desarrollar lo más importante –

– ¿A qué te refieres Jean? ¿Qué es eso que me falta por desarrollar? – Pregunto

– En todas las historias que me has contado, inclusive en la de tu familia, está presente de sobre manera el amor, esa clase de amor que une y que es inquebrantable, pero mucho me temo que no hayas descubierto el verdadero significado del mismo, pues después de todo creo que tienes que descubrir por ti misma lo que esto significa, y esa es la razón por la que no puedo darte una respuesta, tú debes pensar en todas esas situaciones en las que te has encontrado, y descifrar que tienen en común todas ellas para que sea considerada como, hecha por el verdadero amor –

Dayreen se quedó pensativa, intentaba entender a lo que se refería aquel fantasma tan enigmático, no lograba imaginar porque de pronto se interesaba tanto en este tema, sospechaba que trataba de mandarle un mensaje entre líneas, algo así como si la estuviera preparando para algo que estaba por suceder, se llenó de dudas, cada minuto que pasaba quería saber más de Jean Paul, pero sobre todo, había abierto su perspectiva a querer saber mucho más del enterrador como persona, como el hombre que seguramente era.

Habían caminado tal vez 10 minutos en línea recta, tenían la suerte de que la cabaña se encontrara muy cerca del lugar, las luces que se veía a lo lejos eran una señal de que estaban llegando, el humo negro que salía de la chimenea de la misma eran una muestra más de que su destino estaba a la vuelta de la esquina.

– Ya que estamos tan cerca, ¿Podrías decirme de que se trata eso que quieres que vea? Aunque sea solo un indicio o algo, necesito estar preparada para no tener miedo –

– Mon amour, a estas alturas ya deberías de saber que lo que pretendo es que veas más allá de lo que tus ojos pueden mostrarte, todo este tiempo, como el ángel que eres has estado ayudando a otros, haciendo el bien por ellos, incluso al seguirme hasta aquí me estas ayudando a cumplir mi parte en este plan divino, y al mismo tiempo tu cumples el tuyo – respondió

– He aceptado venir contigo porque tengo que admitir que me llena de curiosidad saber que hay detrás del enterrador, quiero averiguar por qué persigue a los fantasmas y que hace con ellos, saber dónde están Kristo y Melessio, quiero saber quién es el –

Se acercaron a la cabaña despreocupados, pues a leguas se notaba que a pesar de las luces encendidas y del humo de la chimenea, la casa se encontraba sola. Jean Paul se dispuso a girar la perilla y esta cedió fácilmente, no tenía seguro. Al entrar pudieron darse cuenta de que aquel hombre vivía de una manera muy básica, solo había una cama pequeña, una cocineta vieja, un retrato en un marco que estaba sobre una mesa de noche y una libreta con una pluma acompañados de un una pila de papeles esparcidos, esto además de un pequeño cesto de basura donde había una gran cantidad de papeles arrugados, parecía que el enterrador escribía mucho, esto lleno de curiosidad a Dayreen.

Jean Paul esperaba en la entrada vigilante, quería asegurarse que su pequeña amiga no fuera descubierta, le había hecho la promesa de acompañarla al final de su recorrido y no pensaba fallarle bajo ninguna circunstancia, quería estar ahí cuando ella tratara de llamar al espíritu de su madre, aunque él también tenía un deseo personal, pensaba pedirle a Dayreen que se comunicara con su hijo, no quería que ella lo cruzara, pues el cementerio se había vuelto guerra, los fantasmas eran su pelotón y él era el general, cuando un hombre de las fuerzas especiales francesas se casaba con el deber, ni la muerte podría divorciarlo, pero dejaría eso para el final de la noche.

Dayreen busco de inmediato alguna pista dentro de la fotografía que estaba en el marco, pero solo encontró más cuestionamientos, pues donde debían de estar los rostros de las dos personas que salían ahí, había huecos, alguien intencionalmente había removido los rostros. Dayreen se imaginó demasiadas cosas, si es que acaso era algún tipo de brujería, o tal vez solo era un marco que estaba ahí antes de que el enterrador llegara y este cansado de sentirse observado hubiera recortado los rostros, no podía saberlo, por lo menos no por medio de ese retrato, así que busco en el segundo lugar más interesante, los escritos del enterrador, se acercó al escritorio y solo tomo unos cuantos de ellos, los puso de forma que a luz les diera de lleno, para poder leerlos mejor, el primero que tomo era relativamente corto, pero se notaba que era el más reciente:

“Cumplo como cada día la promesa de mi deber, afronto estoico mi condena, la vida llega por las noches con la promesa de la felicidad de tu regalo, pero con la luna se marcha tu presencia a un lugar lejano, la muerte se presenta nuevamente por las tardes, las lágrimas corren a mares por esta cascada de reposo”

Dayreen leyó el poema tantas veces en tan poco tiempo, no podía creer que su perseguidor tuviera la magia de escribir aquellas hermosas palabras, era humano, el enterrador era humano, por lo menos una parte de él lo era, pues nadie que no tuviera un corazón que latiera podría escribir con la gracia y sentimiento que había en aquellas palabras, paso a la siguiente nota:

“La culpa y el dolor son el motivo de mi fortaleza, camino siempre buscando el remedio, no puedo permitir que la tristeza agobie a nadie más, pues aunque mi labor este llena del resentimiento con la vida de los ajenos, mi lugar en tu plan es este, he aceptado con determinación la tarea más cruel, pues la finalidad no es otra que la culminación de la obra maestro…

Un grito ahogado interrumpió su lectura, giro de inmediato hacia la puerta, lo que vio frente a ella la hizo tirar los papeles, y es que en la entrada se encontraba Jean Paul, una mano obscura presionaba su boca, la silueta negra frente a él le presionaba con fuerza contra la puerta, unos ojos escarlata brillaron viendo de frente al fantasma, era el enterrador.

Dayreen entro en pánico, no sabía cómo haría para huir, habían sido capturados, le grito a aquel hombre que soltara a su amigo, pero este no respondió, la silueta de Jean Paul, se difuminaba poco a poco, pero de manera sorpresiva, este lanzo sus manos hacia adelante dando un empujón que derribo la obscura silueta al piso, se revolvieron dando vueltas en el piso.

– ¡Huye Dayreen, huye! No te detengas por nada, yo te protegeré – Grito el fantasma

Dayreen no se lo pensó dos veces y dando tropezones con su pierna enferma, tras ella escuchaba los gritos de la batalla, cruzo el umbral de la puerta, apenas llevaba unos cuantos metros de ventaja cuando escucho un ruido más fuerte aun, acompañado de fulgor escarlata, supo lo que había pasado, Jean Paul había desaparecido, igual que sus amigos, nuevamente el enterrador estaba tras ella, y esta vez no tenía tanta ventaja, miro hacia atrás sin dejar de avanzar, la silueta de los ojos escarlata la miraba fijamente desde la entrada de la cabaña, esta le apunto con un dedo y dio el primer paso hacia ella, parecía que todo terminaría en unos minutos, aun así no se rindió y siguió avanzando.

Un nuevo grito llamo su atención, no pudo distinguir la palabra que componía ese grito, pero si se dio cuenta que venía de más lejos, un hombre con uniforme de guardia se dirigía a toda velocidad hacia el enterrador, tenía cara de pocos amigos y parcia que sus intenciones no eran amables haca el, noto como el enterrador volteaba en dirección de aquel hombre, parece que el destino le había tendido la mano, pues una nueva batalla estaba por empezar entre el enterrador y el guardia, esto le daría el tiempo suficiente para llegar con su madre, si después de eso era capturada, ya no le importaba, pues todo lo que quería era intentarlo una última vez, estaba segura que esta vez lo lograría, traería a su madre, estaba decidida.

– ¿Shane, maldita sea, eres tú? – Pregunto Dood

Shane tuvo que cesar en sus intentos de capturar a la pequeña, se concentró en cambiar su apariencia, sus ojos color escarlata y la sombra cadavérica que cubría su cara cambiaron por completo, se recorrió la capucha y volteo hacia el jefe de los guardias.

– ¿A quién esperaba jefe? Claro que soy yo, de hecho me sorprende que este en esta área a esta hora, su rondín regularmente no lo trae hasta mi humilde casa – Respondió el hombre

– Escucha muy bien Shane, esta noche me ha entrado un pensamiento que no me deja descansar y tiene que ver contigo, así que espero que seas honesto y no le mientas al jefe Dood, sabes que quien lo hace nunca termina bien –

– No tengo porque mentirle Dood, se perfectamente lo que sucede cuando se molesta, pero le garantizo que no tengo nada que ocultarle, recuerde que trabajamos en el mismo lugar y mis intenciones son el de llevarme bien con todo el equipo –Respondió Shane

– Me alegra oír eso; pues bien comencemos, antes que nada quiero decirte que esta noche no habrá poder humano que pueda salvarte de responder, no se cual sea tu relación con el dueño de este lugar, pero no tengo miedo, pues mi curiosidad va mucho más allá, dicho esto te diré mi primer pregunta –

Shane mostraba una sonrisa amigable, parecía tranquilo, como si en lugar de estar siendo interrogado de una manera hosca y ruda, estuviera a punto de charlas de un partido de póker con algún amigo de toda la vida, este era precisamente el tipo de conducta que molestaba a Dood, pero con la mayoría de las personas lo hacía pasar desapercibido, nadie lo veía como una amenaza laboral, como alguien inteligente y menos como alguien peligroso, se camuflaba muy bien.

– ¿De quiénes son las tumbas que visitas cada noche? –

La pregunta tomo completamente desprevenido a Shane, había procurado ser muy cauteloso cada que se paseaba por el cementerio, debió de verlo en  algún momento cuando visitaba la tumba de su primer trabajo, la tumba de Jean Paul, el francés que había desaparecido hace tan solo unos momentos, ¿o sería posible que?…

– Bueno a decir verdad esa es la tumba de la primera persona que enterré, no conocía a nadie y soy un poco nostálgico, así que lo visito de vez en cuando, tal vez esté muerto, pero fue el primero con quien pude desahogarme – Respondió

– ¡Desahogarte! eso me lleva a mi segunda pregunta, ¿Qué es eso de lo que tienes que desahogarte? Tengo que confesar que soy un hombre lleno de morbo, pero lo hago en pro de la seguridad de mi trabajo, así que cuando llegaste aquí, comencé a investigarte Shane, conseguí toda la información que pude de ti, y se mucho más de lo que te imaginas, al principio entendí tus visitas a la tumba del francés que enterraste, pero las otras que visitas me llevaron a descubrirlo todo – Dood sonrió con satisfacción

Shane sabía que estaba acabado, Dood lo había descubierto todo, No podía permitir que alguien anduviera por ahí con su secreto entre manos, solamente le quedaba una salida, pero también entendía las repercusiones que conllevaría.

– No sabes en lo que te estas metiendo Dood, por favor detente, te lo digo por tu bien, no debes meterte en mi vida y mucho menos en mi pasado – la desesperación se notaba en su voz

Dood saco un puñado de fotografías de la bolsa de su uniforme y se las lanzo a Shane al piso, este solo las miro por un momento, se acercó a tomarlas y su cara cambio.

– Como puedes ver me tome la libertad de usar las cámaras para obtener esas fotos, y no solo eso, también están las imágenes de tu expediente Shane, una persona que guarda esa clase de secretos no es de fiar, no conozco tus motivos, pero te daré hasta mañana a medio día para abandonar este lugar, de lo contrario, hare esto público y créeme no te gustara –

Dood se dio la media vuelta y camino, sabía que había ganado y que por fin se desharía de un hombre en el que no confiaba, su sonrisa se dibujó de oreja a oreja, la satisfacción de haber ganado era casi tan satisfactoria como la que sentía cuando corría a los holgazanes y a los ladrones. Desgraciadamente el punto débil de todos aquellos que se sienten triunfantes en algo, es que inmediatamente bajan la guardia y ese fue el mismo pecado que cometió Dood.

Una mano lo tomo por el hombro y lo giro con fuerza, Dood quiso responder golpeando a Shane en la cara sin verlo directamente y aprovechando el giro, pero su fuerza desapareció junto con su valor, pues frente a él había ahora una figura obscura de ojos escarlata, que puso sus pulgares en sus ojos y los sumió generando un humo blanco

– ¿Así que querías saber mi secreto? Pues ahora lo sabrás lo experimentaras y quedaras maldito para siempre, nunca más volverás a ser el mismo, los ojos del enterrador lanzaron un destello que choco con las cuencas de Dood, todo se volvió obscuro por unos minutos

Dayreen estaba a solo un minuto de la tumba de su madre, podía verla de lejos, sus ojos se llenaron de lágrimas como en cada visita, el recuerdo de los cálidos brazos de su madre la llenaba de fe, en su cabeza se reproducía sin cesar la canción que su madre le cantaba antes de dormir, Dayreen estaba desesperada, pues aunque sabía de memoria la letra, estaba olvidando poco a poco la voz de su madre, era su más hermoso recuerdo y se escaba de su memoria como un grano de arena entre sus dedos; de una pequeña bolsa en su vestido saco una rosa que puso cuidadosamente sobre la tumba y recito

– Hola mama, como cada noche estoy aquí, y sigues haciéndome mucha falta, dicen que el tiempo cura las heridas, pero en mi siguen abiertas desde el día que te fuiste de mi lado, cada que despierto hago lo posible porque te sientas orgullosa de mi, a veces me gustaría saber si realmente lo estas, me gusta pensar que conozco la respuesta, pero esta distancia se hace cada día más difícil, me he cansado de llorarte noche a noche, le he pedido a Dios que te regrese a mi lado, también le he pedido que me lleve al tuyo, pero igual que contigo, no recibo ninguna respuesta, aun así, quiero que sepas que jamás me rendiré, no lo hare hasta escuchar tu voz, hasta que seques mis lágrimas y me abraces con toda tu fuerza. Hoy ha sido un día particularmente malo, estoy siendo perseguida, si es que me ves desde arriba ya lo debes de saber, por eso te pido, que esta noche bajes a mí, pues puede ser la última vez que pueda visitarte, no quiero desaparecer sin haberte visto, ¡Baja mama, por favor baja¡ –

Se recostó sollozando en la tumba, abrazando la piedra helada donde descansaban los restos de Ayleen, su madre, uso toda su voluntad y todo su poder para llamarla como había hecho con Sarah, pero nuevamente no obtuvo ninguna respuesta.

La luna estaba por desaparecer por completo, Dayreen estaba desfallecida de cansancio, no le quedaban energías y mucho menos lágrimas, se estaba quedando dormida poco a poco, sus ojos se cerraron, su respiración se redujo lentamente hasta que finalmente cayó rendida.

Apenas unos minutos pasaron, cuando sintió un par de manos cubriéndola por completo, era una sensación familiar, pero aunque su cuerpo estaba siendo movido no tenía la suficiente estamina para despertar, solo pudo abrir sus ojos por una milésima de segundo, lo que vio no era lo que esperaba, el enterrador la cargaba en brazos, con aquellos tenebrosos ojos escarlata, Dayreen se dejó llevar y así fue como acepto su destino…

souldeth 6

 

Souldeth VI

Capítulo VI

 

Capítulo VI

 

Recuerdos

 

Dood hacia su guardia, como cada noche encendía un cigarrillo, caminaba por su área y seguía adelante, se preguntaba cómo era que había llegado hasta ese lugar, incluso a vivir ahí, sabía que no era un genio, jamás fue destacado en clases, quizá solo en educación física, su rudeza, su crueldad y a veces su torpeza lo hacían salir avante en todos los deportes, jamás había experimentado el temor, era su propio Superman, pero hasta Súper man tenía su kryptonita…

Conocía a cada uno de los trabajadores y le eran tan indiferentes como las lapidas que estaban a su alrededor, a excepción de Shane, el enterrador, siempre tan callado, tan lleno de misterios, era el único otro empleado que se había animado a vivir en el lugar, incluso trabajaba a deshoras, era normal verlo, cavando en cada momento, al principio él quiso intimidarlo y tomar el control de todo, pero resulto ser amigo del dueño al cual no conocía, lo único que sabía es que ese hombre era tan inmensamente rico, que había comprado el terreno al propio gobierno para administrar las miles de hectáreas que este tenía, desistió, pero jamás dejo de tener un ojo en aquel hombre

Su casa estaba exactamente al otro extremo del cementerio, a pesar de que lo había vigilado el último año, jamás había detectado algo anormal, claro, fuera del hecho de pasearse por los pasillos de aquel lúgubre lugar, serio como ninguno, callado, era un muerto más según él lo veía.

Se hablaba mucho de la actividad fantasmal, para el eran solo estupideces y tonterías, era fácil estar sugestionado en un cementerio, pero él era diferente, ni el mismo diablo podría hacerlo correr, les decía a sus compañeros, que después de vivir con su ex mujer, no había nada que pudiera aterrorizarlo; además de esta actitud tan altiva y despreocupada, Dood contaba con un aspecto rígido, fuerte, mirada reacia, un poco de panza tal vez, pero contaba con una espalda musculosa y brazos que como los demás decían, eran de luchador.

Muchas de las veces no se limitaba solo al cuadrante que tenía asignado para resguardar, en frecuentes ocasiones iba hacia los sectores de los demás guardias con el fin de asegurarse que ninguno de esos vagos estuviera dormido o perdiendo el tiempo,  pero la mayoría de estas veces todos estaban en sus puestos; los había entrenado bien, además sabía que cada uno de ellos le temía y le respetaba por igual, así que se limitaban  a obedecer al cien por ciento, una de las ocasiones que encontró en una actitud impropia a un guardia, fue con un novato que estaba durmiendo encima de una lápida, usaba una mochila como almohada y su chaqueta como una cobija, el novato sabía que las casetas tenían cámaras que iban directamente a el circuito que se veía desde el lugar de Dood, motivo por el que fue a dormir a un lugar apartado, gran error, los más experimentados sabían que el jefe conocía perfectamente los tiempos que duraban los rondines, si alguno tardaba más de lo debido en regresar a la caseta, este no se tomaba la molestia de usar el radio para localizarlo, sino que iba personalmente.

Si había algo que aquel hombre no soportaba era la holgazanería, así que lo despertó azotando su macana contra una lápida; el joven al despertar intento reincorporarse, pero Dood lo tomo por el cuello de la camisa con un rápido movimiento

Jefe, yo… estaba…

– No me salgas con tonterías Harris, no hay excusa para faltarme al respeto ni mucho menos a mi inteligencia, toma tus cosas inmediatamente y lárgate antes de que te rompa los huesos –

Tal vez Harris era solo un joven, pero también había sido un custodio y no era para nada escuálido, de hecho había sido expulsado de la prisión por dejar en muy mal estado a un matón de aquel lugar, al verse descubierto y saber que le deparaba, se llenó de ira y quiso desquitarse, lanzo un puñetazo a Dood directo a la cara, el puño hizo impacto en su mejilla izquierda, un fuerte sonido se desprendió del choque del puño con la cara, pero para sorpresa de Harris apenas había logrado girar un par de grados el rostro del jefe, este le sonrió con la dentadura manchada de rojo, acto seguido le escupió sangre en los ojos y empezó a golpearlo.

– Parece que tenemos a un peleador en el equipo, ¿Sabes que nos distingue muchacho? – Dood pregunto mientras arremetía contra el

– Te lo diré, no es la fuerza, posiblemente seas tan fuerte como yo, es la decisión y el desapego a las consecuencias, tu no usaste toda tu fuerza por miedo al que podría pasarme, ¡Muy tierno, pero también muy estúpido! A mí no me interesa un demonio si te mueres – Dood lo golpeo con todo lo que tenia

Le tumbo seis dientes, y no conforme con eso, lo saco del cementerio mal herido, frente a otros guardias, eso les serviría como ejemplo, nadie, absolutamente nadie, podía verle la cara al jefe de los guardias.

Pero esa no era la peor de las historias que se podían contar de aquel hombre en aquel cementerio, la peor de todas las veces era casa una leyenda, a pesar de que dos de los guardias respaldaban la historia, era difícil de tragar. Hubo un tiempo en el que eran solo 7 guardias más el jefe, 4 de ellos eran nuevos y tenían a Robertson a cargo de su entrenamiento, él era la mano derecha de Dood, tenían apenas algunos meses trabajando juntos, pero Robertson se había adaptado rápidamente al jefe, obedecía e incluso doblaba turnos para aprender más de él, seguía al jefe cual perrito a su dueño, los otros dos de los más viejos eran Liam Wells y John Kirk, tenían casi el mismo tiempo que el jefe, pero no los consideraba lo suficientemente buenos, los regañaba constantemente por nimiedades, desde una mancha en el uniforme, hasta no haber lustrado la macana que tenían a cargo, aun así, habían logrado mantener el trabajo debido a que mostraban siempre la disposición de aprender, y eso era algo que según Dood, valía mas que la inteligencia, no se necesitaba ser un prodigio, solo tener la virtud de querer aprender sin importar cuantas veces fracasaran.

Poco tiempo antes de lo que paso ese día, el jefe les había pedido reforzar la seguridad pues al parecer, pueblos vecinos del norte estaban siendo saqueados y cuando se terminaban los lugares por saquear, los ladrones abandonan la casa de los vivos y buscan la de los muertos, por lo menos eso decía el, todos estaban preparados, por aquellos días el dueño les mando 2 armas, una la tomo Dood, la otra como era de esperarse, cayó en manos de Robertson, todos estaban en su lugar, preparados para lo que fuera y dispuestos a todo, pero la tranquilidad reino casi por un mes… hasta aquella noche.

Era media noche aquel 24 de diciembre, los siete guardias estaban en sus posiciones, cada uno de ellos tenía un semblante peor al del otro, nadie quería pasar la noche buena cuidando muertos en Souldeth, pero ese era su trabajo y sobraba decir que era bien pagado, Dood llego al comedor con un enorme pavo relleno, Robertson por su parte llevo una garrafa de seis litros de ponche, tuvieron una comida rápida, todos comieron  y bebieron a placer, Nate, uno de os reclutas nuevos se había quedado a cargo de la guardia, se le relevaría para que fuera al comedor unos minutos después, Robertson uso su radio para darle la señal

– Nate, chico, es hora de venir al comedor, yo tomare tu lugar –

– Ya era hora, estoy que me muero de… –

La voz se había cortado de tajo, solo se escuchaba estática y sonidos extraños, similares a los golpes

– ¡Nate!, ¡Nate!, con un demonio responde –

Dood miro a Robertson y tomo su arma.

– Robertson acompáñame, trae el rifle, los demás vayan a sus entradas, si hay algo raro no duden en usar sus macanas, usen sus radios en todo momento – Dijo Dood sin inmutarse

Caminaron de prisa con el arma en mano, cuidaban todas las posiciones posibles, Nate no podía estar lejos, su ara se encontraba a menos de un kilómetro. Al llegar ahí, Robertson noto el radio tirado en el suelo junto a una lápida, se acercó para tomarlo y sonó una detonación.

Dood vio caer ante el a su compañero, e inmediatamente busco refugio tras una lápida, Robertson estaba inconsciente en el suelo, Dood lo examinaba de lejos, sin descuidar su propia seguridad, sabia que el tiempo era crítico y que tendría que sacar lo mejor de el para identificar al intruso, uso su radio para contactar, a Wells ya a Kirk, pero no recibió respuesta, se dio cuenta entonces de que esto tendría que ser una emboscada, no podía ser de otra manera.

Estaba solo y ciertamente no tenía idea  de lo que estaba pasando, pero repasaba cada uno de los escenarios en su cabeza, sabía que el intruso estaba armado y si era más de uno, probablemente todos lo estuvieran, el solo tenía su pistola de mano con seis balas, había dejado los cartuchos de recarga en la oficina en el apuro de llegar a la ubicación. No sentía ningún temor, solo la adrenalina, además de las gotas de sudor resbalando por sus cienes.

– Si piensas que saldrás de aquí con vida, te advierto que es como creer en el hada de los dientes, tienes más posibilidades de ganarte la lotería, ahora muestra tu rostro cobarde y enfréntame como un hombre – grito Dood

– No estas para imponer condiciones guardia, tus amigos han caído, pronto estarás rodeado, será mejor que te pegues un tiro, porque en cuanto te encontremos, te pegaremos decenas de ellos – respondió la voz

Dood sonrió, había obtenido lo que quería…

– Se necesita más que una amenaza y una broma para atraparme asquerosa rata, te lo advierto, al final tú y tus amigos, lamentaran el día en que asaltaron este lugar –

– Pareces muy confiado, demasiado confiado para ser un hombre muerto, tal vez no lo has notado, pero este será el último día de tu vida y si no me crees, gira a tu derecha –

No fue necesario girar, el sonido de un cañón listo para disparar sonó en su oído, estaba atrapado, por lo menos, había sido descubierto, le apuntaban directo, pero aun así, Dood seguía sonriendo; un arma en su costado le indico que estaba en problemas, tenía una sola oportunidad, tiro el arma y levanto las manos, se dejó llevar por su captor al centro del pasillo, fue puesto de rodillas frente a una tumba, sintió un fuerte impacto en la nuca que lo mando al suelo

Cuando lo vieron caer, todos se mostraron…

Nate, Joshua, Brian y Ross estaban ahí, eran los cuatro guardias más nuevos, no eran lo que decían ser, eran una banda con mucha experiencia en el robo de tumbas, Souldeth tenía toda clase de zonas, y ellos habían estudiado bien

– ¿Saben que es lo hermoso de la humanidad? incluso en la muerte las clases sociales se imponen, en el sector norte y este, se encuentran las tumbas de la gente de alto nivel, así que no apostaremos a perder e iremos para allá, ¿Dónde están Kirk y Wells? ¿Los han matado? – pregunto Nate

– No ha sido necesario, son viejos y bastante débiles, no serían capaces de ver un árbol en medio del desierto, están inconscientes, desarmados y atados en la sala de cámaras, hagamos lo que hemos venido a hacer y larguémonos antes de que se despierte ese asqueroso mastodonte – respondió Joshua

– Joshua, quédate con el jefe Dood y asegúrate de que no se mueva un centímetro, si tan solo respira de manera sospechosa, conviértelo en un residente más del lugar – ordeno Nate

Apenas dio la orden se dirigió hacia el cuerpo de Robertson, le apunto con el arma a la cabeza y se preparó a disparar…

– ¿Te vas a seguir haciendo el muerto o tengo que convertirte en uno payaso?

Robertson se levando poco a poco, trono los huesos de su cuello, apoyando su mano en el costado de su cabeza y respondió de inmediato.

– ¡Y el óscar al mejor muerto en escena es para! –

Todos rieron a causa de la broma de Robertson, Joshua se distrajo un solo momento, quizá un par de segundo para reír, pero ese momento había sido suficiente.

En el salón de las cámaras, Wells y Kirk recobraban la consciencia, estaban amarrados de manos y pies, ambos apoyados en la pared frente al circuito cerrado, una soga les cubría la boca también, Kirk alcanzo a notar movimiento en las cámaras, golpeo a Wells con el codo y le apunto con la mirada donde ver, ambos se quedaron atónitos cuando se dieron cuenta.

Todos se habían marchado dejando a Joshua con Dood, este se paró a un lado él y le apunto sin perderlo de vista, sabía cuál era su tarea y estaba dispuesto a llevarla a cabo, aunque en el fondo no odiara tanto a Dood, solo quería los tesoros de las tumbas de los ricos, volteo un momento hacia su derecha, un búho cantaba cerca de ellos, el instante fue cortado, un ruido de una lápida viniendo al otro lado llamo su atención.

El tiempo que le tomo a Joshua comprobar el sonido, fue el mismo que el que le toma a una persona común estornudar posiblemente, no le dio la mayor importancia, hasta que lo sintió que su pierna derecha había sido absorbida en un movimiento, la otra pierna no le alcanzo para equilibrar el resto de su cuerpo, cayo de boca y sin poder meter las manos; el arma salió volando de sus manos, termino varios metros delante de él.

Su vista no enfocaba más después de aquel golpe, estaba boca abajo en el suelo del cementerio, todo paso demasiado rápido, antes de cerrar los ojos, alcanzo a ver a un pequeño con ropas extrañas, parecidas a las de las obras de teatro de su escuela, particularmente a Perseo y la historia de la medusa, sosteniendo la piedra que lo había distraído, lo miraba fijamente con una sonrisa.

El último sonido que escucho, fue el de su cráneo partiéndose siendo pisoteado por la bota del Jefe de guardias Dood, murió al instante…

 Nate y Brian se encargaban de la zona norte, sabían perfectamente que tumbas tenían que saquear, Brian llevaba un enorme saco, un par adornos de oro, jade y algunos otros materiales que sería una molestia llevar cargando; las joyas pequeñas estaban a cargo de Nate. Comenzaron por la tumba de los Landcaster, quienes habían pertenecido a la realeza inglesa, inmediatamente cavaron en las tumbas, apenas abrieron los cofres y notaron las monedas de oro que databan de principios de 1800, eran cerca de doscientas monedas en cada ataúd, coronas, cetros, collares y anillos era una pequeña fortuna que podría compararse con la riqueza de algunas pequeñas ciudades y apenas comenzaban.

Después de lo que habían obtenido sabían que les esperaba una gran recompensa, pero no estaban dispuestos a parar Ross y Robertson estaban cerca en el noreste del cementerio, cerca de las tumbas de jeques árabes y reyes persas. Llegaron a uno de los puntos cruciales en el saqueo, la cripta más grande del noreste, era conocida en todo el cementerio como la tumba de los egipcios, mucho se decía de su contenido, pues a pesar de que no habían sido realmente reyes, ya que la monarquía como se conocía en Egipto había muerto miles de años antes de la muerte de quienes descansaban en ese mausoleo, era bien sabido por los guardias que una vez al mes, un grupo de valuadores y guardias de la familia iban a comprobar la autenticidad de los objetos que se guardaban ahí, además hacían inventarios periódicos, nadie, ni siquiera Dood podía entrar  aquel lugar.

En la última visita que hubo a aquel lugar, Robertson se las ingenió para sustraer una llave y dibujar su contorno sobre una hoja de papel, devolvió la llave sin que nadie lo notara y fue personalmente con quien pudiera replicarla sin hacer demasiadas preguntas, así que había llegado el momento, en el fondo la ansiedad lo carcomía, tenía que saber que maravillas había detrás de esas puertas, hundió la llave y giro la perilla, apenas cruzaron el umbral de la puerta y sus ojos e llenaron de brillo, sus sonrisas eran intensas, voraces, imposibles de ocultar, se podían contar a simple vista, más de cincuenta decoraciones de oro, todo esto sin contar los pequeños cofres y lo que los muertos cargaran en sus putrefactos cuerpos, ojala hubieran tomado todas las precauciones, pues de haber sido más listos hubieran sabido, que ese gran tesoro, no podía estar custodiado solo por una puerta…

Aquel lugar era impresionante, tenía columnas y arcos al frente esculpidor en barro y mármol, los arquitectos habían considerado que eso mantendría la esencia de lo antiguo y lo contemporáneo, dándole un toque de lujo y al mismo tiempo de sobriedad, en las paredes laterales se encontraban tres vitrinas en las que reposaban algunos cadáveres, uno en cada uno dando un total de seis cadáveres entre las dos paredes, el resto de las paredes estaban cubiertas por dibujos de diferentes épocas de la cultura egipcia, en el centro de los dos arcos se encontraban un par de vitrinas de cristal grueso con toques de oro y en medio de estas, en un pedestal había un libro muy antiguo, se veía costoso.

Robertson y Ross se relamían entre todas las riquezas, habían dejado en la entrada una carretilla que habían tomado y donde cargaban su botín anterior se dieron cuenta de que no les bastaría una carga para recoger todo lo que había en aquel mausoleo, así que Robertson mando a Ross a conseguir una nueva carretilla, en cuanto se giró para obedecer la orden y caminar hacia la puerta escucho un golpe que lo asusto.

– ¿Qué demonios ha sido eso? – Pregunto Robertson

– La maldita puerta se ha cerrado de golpe – Respondió Ross

– Debiste trabarla desde que entramos inútil, ahora no podremos salir –

– Haces demasiado drama por un problema pequeñín, solo dame la llave y saldremos de aquí en un momento – Dijo Ross muy relajado

– ¿Pero que no entiendes idiota? Esta no es la puerta de tu asquerosa casa, es una tumba similar a una caja de seguridad, solamente abre por fuera –

 La confirmación de lo sucedido termino de hacer entrar en pánico a Ross, se dio cuenta que no había salida, se dio realmente cuenta de que estaba en una cripta lúgubre, aunque llena de oro y diamantes, los cadáveres seguían ahí, la luz era tenue, el ambiente era pesado y el olor a muerte inundaba el lugar por todas partes, un ataque de pánico le vino de repente, le faltaba el aire, no podía articular palabra, y cuando finalmente lo hizo, no fue de mucha ayuda

– ¡Sácame de aquí! No quiero morir en este lugar con esos asquerosos muertos, ¡Sácame de aquí Robertson, no quiero morir! –

 – Deja de portarte como un cobarde, usa el radio y llama a los demás para que vengan por nosotros, yo juntare el botín y ni creas que saldrás de aquí huyendo, estas dentro, la única manera de escapar de esto es muerto –

La calma regreso al cuerpo de Ross, sostuvo aun tembloroso su radio y llamo al resto de sus cómplices pero…

Nate y Brian ya tenían más de lo que podían llevar con ellos, así que decidieron llevarlo hacia la salida que habían acordado, ahí un camión de carga los esperaba para emprender la huida, por supuesto debían de esperar por los demás, ya que ellos no tenían la llave para encenderlo, solo la caja estaría abierta, esto había sido un seguro que tomaron para evitar traiciones entre ellos, aun les restaban algunos pasillos por recorrer, estaban cansados, las carretillas eran lo suficientemente pesadas, “a más esfuerzo mayor recompensa, decía Brian” pero el cansancio era evidente, se detuvieron sobre una de las partes más humildes del cementerio, se sentaron cerca de un par de lapidas.

– Ya lo veras Nate, pronto estaremos en las playas de Vahalia tomando u par de bebidas, tendremos hermosas chicas y no volveremos a tocar un maldito cadáver –

– Amen por eso, ¿aunque sabes? Lo he pensado mucho, Robertson nos ha utilizado, se quedara con el 40% de todo y eso no me gusta para nada, si sacamos cuentas, estamos cargando alrededor de 100kg cada uno eso nos deja con 60kg de mercancía, dividido entre cuatro nos da a 15 kg de mercancía por cabeza, es decir que el 15% de este peso que me está matando es lo único que me corresponde si en total sacamos 500kg entre todos eso significa que al final nos tocan solo 75kg que son 25 menos de los que traigo en esta carretilla, en pocas palabras, el desgraciado no se diferencia de un gobierno que te cobra por trabajar, al final si la corte de Kairy nos atrapa nos sentenciara a muerte a todos, eso me pone a pensar… –

– ¿Estas tratando de decirme que deberíamos huir con una carretilla cada uno? Te recuerdo que no tenemos transporte y que si nos descubren nos mataran –

– No seas idiota Brian, si ellos no nos ven llegar no buscaran en el cementerio nuevamente, te recuerdo que es inmenso, podrían pensar que algo salió mal y abandonarnos, para cuando se den cuenta ya habríamos escapado a la carretera, robaremos un auto y estaremos lejos –

– El tonto aquí eres tú, ¿Cómo crees que nadie notara que llevamos carretillas cargadas de materiales preciosos y no darán aviso a las autoridades? –

– Tienes una mente muy cerrada, podremos solo un poco de tierra en las orillas, taparemos la mayor parte con alguna manta o bandera de las que cuelgan cerca de aquí, pensaran que llevamos tierra para una construcción, estaremos lejos de aquí al amanecer –

Brian no se lo pensó mucho, sabía que tena una oportunidad única en sus manos, ambos estaban armados, de haber tenido que hacerlo solo, jamás se le hubiera ocurrido, pero al tener a Nate a su lado, decidió que quería ser libre y que merecía mucho más. No habían pasado ni veinte segundo de haber aceptado e imaginar su vida con mas dinero cuando vio algo a lo lejos; una pequeña niña con unas muletas caminaba a unos cuantos metros,  se quedó frio al escuchar el sonido de su voz, entonando esa canción, no tuvo tiempo de decir nada, porque justo después, vio a ese hombre que se escondía tras los arboles detrás de ella.

Volteo a ver a Nate para tratar de explicarle lo que estaba viendo, pero de su boca solo salieron balbuceos, su compañero lo miraba extrañado, no entendía la palidez de su cara, pero atento a cualquier cosa, sacó su arma, Brian apunto con el dedo hacia el lugar donde había visto aquellos personajes, pero su sorpresa y su terror solo incrementaron cuando una sombra de plata borro la forma de la cara de su amigo, sobre esos hombros, en ese cuerpo, estarcidos por la lápida donde estaban recargados solo quedo la sombra de plata y un charco de sangre, su Nate había sido golpeado con tanta fuerza por la pala, que su cabeza había reventado como una sandía, empuñando la pala, Dood sonreía empapado en sangre; el movimiento del jefe fue de un beisbolista profesional, no paso mucho para que supiera que su amigo no había sufrido, pues con la misma velocidad y fuerza, su cabeza quedo reducida a una mancha en la lápida.

Ross apretaba con fuerza su radio, pero no recibía respuesta de nadie, tras cada llamado, solo sonaba estática del otro lado, Robertson por primera vez se preocupó. Si bien era cierto que no le importaba mucho lo que les sucediera a los demás, también era cierto que no podría finalizar el trabajo solo y menos estando encerrado, tuvo que pensar realmente rápido, si esto era obra de Dood tarde o temprano abriría la puerta, si es que lo habían traicionado, tendría que buscar la manera de que alguien más abriera, se quedó pensando por uno momento, se dio cuenta que tenía que derribar la puerta del lugar, en su defecto, bastaría con disparar a la cerradura y que esta se venciera, era muy inteligente para asustarse.

Se dirigió a la puerta con el arma en la mano y apunto, no dejo que la duda se apoderara de él y se dispuso a jalar el gatillo, un fuerte aire interrumpió su propósito, el libro del centro se abrió completamente y paso hojas rápidamente hasta parar casi al centro; tanto el cómo su compañero se detuvieron a ver como este libro comenzó a lanzar destellos de color azul. El tiempo parecía detenerse, una onda de choque estremeció todo el lugar, los dejo en el suelo por unos momentos. Robertson se reincorporo de inmediato, tendió la mano a Ross para que este se levantase, pero al ver la posición de su compañero se dio cuenta de que este se había roto el cuello en la caída, no reaccionaba y su posición era antinatural, por primera vez se concibió solo por completo; por lo menos eso hubiera querido, pero no era así, unos ruidos guturales llegaron a él como los rayos del sol que atraviesan por la ventana de la gente que descansa que recién despierta; giro la cabeza solo para darse cuenta que no era imaginación suya, lo muertos de la cripta estaban de pie y se acercaban al a paso veloz, no eran zombis, no eran momias lentas como en las películas, eran personas con cuerpos deshechos, pero voraces, instintivos, querían atraparlo; apunto su arma y descargo las 10 veces que pudo, ninguna bala pudo salvarlo. Minutos después cuando Doood llego, solo encontró los restos de los que alguna vez  fueron sus compañeros, todos estaban muertos, no era un creyente paranormal, pero entendió algo, Souldeth se defiende solo.

Todo eso se contaba del jefe Dood, se contaba más aun pero nadie podía asegurarlo, pues Wells y Kirk eras solo un par de viejos locos, según los demás, pero ese día Dood cambio un poco, ese día el jefe se interesó un poco más en Shane…

 

 

 

 

 ladrones

Amiga Constante

Hoy vienes y me visitas de nuevo, como cada noche constante, sabes que no me agradas pero te has vuelto fuerte en mi, eres lo mas estable que me pasa, se que eres parte de mi ser aunque no te quiera, son las 3:40 am otra vez y no me dejas dormir, me siento encerrado entre estas 4 paredes a sobrevivirte, desde que papá se fue has sido más recurrente en mi vida que el mismo, ¿ironía? Que mis padres hayan tenido el amor de traerme, pero ese mismo amor no los hizo quedarse juntos, veo a las familias de mis amigos y siento una cascada de celos, se ven tan… unidos, no recuerdo la última vez que fui feliz en esta casa, soy apenas un muchacho y ya tengo problemas que son más grandes que yo, ¿Como hace mamá para estar dormida tan tranquilamente? ¿Cómo duerme papá por las noches tan lejos de mi sin sentir este dolor? Los pensamientos que me visitan cada noche me asustan, hacen que mi corazón palpite demasiado rápido, no siento lazos con el mundo, no me siento atado a nada, la escuela es solo una rutina cansada que tengo que vivir por inercia, nada llena esta sensación de soledad, veo a mis hermanas dormidas y pienso en cómo pueden soportarlo, ¡el hombre aquí soy yo! Muchos me hablan del amor, pero a donde volteo sólo veo desolación, muerte y dolor, el amor es muy poco para que valga la pena, veo mi reflejo en el espejo y no se quien soy, no me reconozco, ¿Tendré el valor de hacerlo? ¿dolerá? Tu que estas aquí y eres mi consejera no me das respuestas, me das más dudas, es difícil creer que esto me pase mientras mis padres duermen tranquilos, que vengas depresión mientras mamá duerme con no se quien y papa este no se en donde, lo haré, tal vez así me miren, aunque tal vez cuando abran los ojos ya no haya nada que mirar, el sol se habrá ido y esta tormenta que dejaré, los acompañará por siempre

 

como-cuidar-de-un-niño-deprimido

Un Año Después De Ti

Un año después de ti

Ha pasado un año exacto desde tu partida, es difícil de entender pues antes creía que no podría sobrevivir ni un día sin ti, las mañanas se volvieron más pesadas, mis ojos hinchados cada noche hacían que mi semblante denotará la miseria emocional con la que vivía, los colores ya no eran intensos, la comida sabía diferente, me negue, te busque, te odie con mis entrañas, rece cada noche por el milagro de tu presencia, tu sombra aun se paseaba por mi casa, había perdido mi sonrisa, contaba cada minuto desde que te fuiste, buscaba razones para perdonarte e imaginaba el regreso, ni si quiera podía borrar tus fotos o romperlas, pero nunca regresaste, lejos de eso supe que ya eras feliz con alguien mas, y por fin, toque fondo emocional, la esperanza había muerto y pensé que era algo malo, pero al estar roto por dentro y completamente derrotado, no me quedo más que tratas de vivir por inercia, un día comía, otro no, pero se habían acabado las lagrimas, me hundí en mis pensamientos y lentamente tu rostro se fue borrando de la imagen que por tanto tiempo tuve en mi mente cuando imaginaba mi futuro, me concebi sólo frente al mundo, ya no éramos tu y yo, era solo yo tratando de tener una vida normal, te escribo esto para decirte que a veces paso por algunos lugares donde sucesos importantes nos pasaron y aun hablo con tu recuerdo, ya no te odio, porque ya no te extraño, sobreviví al dolor de tu abandono, hoy recupere mi sonrisa, alguien mas es dueña de ella, voy despacio, voy con cautela, tal vez no la amaré alocadamente como te ame a ti, pero si sabiamente y con más madurez, es decir, le daré un amor mejor que el que a ti te di, si lees esto alguna vez, quiero que sepas que te perdono, quiero que sepas, que te deseo el mejor de los futuros ya que tu partida me ha traído el mejor de los amores

Con cariño… el hombre a quien destrozaste, el que mas te amo.uaddt

Para Cuando Nuestras Almas se Encuentren

Para cuando nuestras almas se encuentren

He estado esperando este momento hace tanto, la horrible sensación de perderte no se fue a pesar del tiempo, es verdad que aprendí de la vida que nadie se muere de amor, que los otoños aun llegan con la fuerza de arrancar las hojas de los árboles, que los inviernos se llevan el calor de los días a pesar de que tu no estés, la lluvia cae como cada año, con tempestiva y siempre preparada, pero en mi corazón todo este tiempo algo faltaba, no olvido tu primer te amo, creó que eramos niños jugando a ser grandes, pero con el pasar de los años esa frase cobro una fuerza que no se podía comparar, entregue mi vida entera a darte todas y cada una de mis intenciones y acciones, jamás dude de tu amor, jamás me diste un motivo, te equivocaste a pesar de todo, me equivoque yo también, el olor que me calmaba cuando te abrazaba se había marchado a un lado de tu presencia, en mi casa resonaban los ecos de tu voz diciendo mi nombre de tantas maneras, ya se cumplieron varios años desde que nos dimos el si frente a nuestros seres queridos, el plan misterioso de la vida que nos unió desde temprana edad se estaba cumpliendo, aun recuerdo llegar aquella tarde y verte tirada en el suelo, recuerdo la ambulancia corriendo por la ciudad mientras mis lágrimas mancharon tu cara inconsciente, apretaba tu mano sin tener ninguna respuesta, a mis veintitantos estaba lleno de miedo, pues aquella mujer que sería la madre de mis hijos estaba pálida frente a mi.

“Fue su corazón, fue la excusa del doctor para decirme que te habías ido”, llore tanto que no recuerdo haber perdido la conciencia, busque a Dios en todas las iglesias para preguntarle porque te llamo antes que a mi, tu tan llena de vida, tu tan llena de todo, tan llena de mi que me habías dejado vacío en un mundo que me exigía cada día más, sin excepción toda mañana en tu tumba un ramo de flores que jamás deje se marchitara, por la noche una lágrima nueva que no descansaba estos ojos hinchados de tanto dolor.

Hoy descubrí algo que todos lloran pero que se me antoja maravilloso, estoy enfermo y en camino a tu encuentro, solo días nos separan de volver a encontrarnos, nunca pude amar a nadie más, porque eres eso que no le pasa dos veces a nadie en la vida, tengo todo preparado y estoy listo, esta noche adelantare las cosas pues he dejado de tomar esas pastillas que me alejan de tu presencia, nada me iluminará más que ver tus abrazos abiertos esperando por mí, mientras escribo esta carta siento como la flama de mi vida se apaga, pero la de mi esperanza resurge, espera, creo que ya veo tu cara, sigues ahí tan perfecta con tu vestido blanco y tu cabello rojo, es momento de soltar el lápiz, ella me ha dicho que me llevara contigo, parece que es un ángel, creo que esto es todo, sé que voy por tí, a tu encuentro, por fin a tu encuentro y jamás nos volveremos a separar por ningun motivo, te ame en la vida y ahora te amaré en la muerte, las rosas que no se marchitaron seguirán ahí, me he asegurado, solo que esta vez un ramo en cada lápida brillará con la incandescencia de la primera vez que me dijiste te amo.

AC7BE

El Falso Amor de mi Vida

Hola

Espero que estés bien, han pasado varias semanas desde la última vez que te vi, recuerdo que me pediste que buscará a alguien mejor que tu, que no me merecias, pues hoy creo que la he encontrado, se volvió la luz que necesitaba en el lugar obscuro donde me habías dejado, sus ojos me devolvieron la sonrisa que pensé que había perdido, y su propia sonrisa me hace soñar, me da la fuerza para mantenerme en pie todos los días, le da razón y sentido a mis actos, no se si es mejor que tu, pero por lo pronto ha borrado tu recuerdo hasta hacerlo casi indistinguible

No se si en otra vida te vuelva a encontrar, pero si lo hago, te prometo que está vez hare todo bien, dicen que el verdadero amor no tiene un final, pero parece que el nuestro encontró el suyo, recuerdo ser la razón de tu felicidad, recuerdo crear sueños para ti, todas esas canciones, esos poemas, es gracioso ver como lo que alguna vez fue todo, hoy se convierte en nada.

Fue difícil aceptar que la persona que tanto extrañe es una persona que hace tiempo que no existe, por lo menos no para mi, me pase mucho tiempo contando las horas para poder estar contigo, no pensé que debía empezar una cuenta para separarme de ti que sería aún más corta, te agradezco la felicidad que me diste, el regalo que me dejas es el más grande, “una lección”

Muchos dicen que hay muchas formas de amar, yo sólo conozco una y es hacerlo con toda mi fuerza, por eso te prometo que a ella la amare de la misma manera, con toda mi fuerza y corazón, no se merece menos que eso, nunca imaginé llegar a este momento, pero ya estoy aquí, es tiempo de que te diga adiós, es tiempo de dejarte ir, siempre recordaré tu gran entrega, siempre recordaré todos tus sacrificios, pero serán recuerdos y nada más.

Hoy no puedo más que pensar en su rostro diciéndome te quiero, y en mi cabeza la certeza de responderle “te quiero más” por favor no vuelvas, porque si lo haces se que será muy tarde, porque no te falle a ti y no pienso fallarle a ella ni siquiera contigo, es momento de que encuentres a tu verdadero amor, perdiste mucho tiempo fingiendo que yo era el tuyo.

Esta es la última carta que te escribo y lo hago de corazon, lo hago listo para decir adios, ya no te guardo luto, ya no me despierto en las noches esperando encontrarte a mi lado, ya no me hace falta que me tranquilice con un abrazo, lo único que me hace falta es que ella me sonría y que me devuelva la paz que tanto necesito, la quiero, la quiero tanto que renuncie a ti en poco tiempo, la quiero tanto que no me atrevo a pensar en un día más sin ella, la quiero tanto que creo que algún día la querre más que a ti, la quiero tanto que ya está pasando

Siempre habrá un lugar en mi corazón para ti, pero ahora el corazón completo esta en manos de ella, espero que tu vida termine tan bien como la mía que tu alma no se pierda en la inmadurez de las malas decisiones, pero lo que más deseo es que tus ojos nunca más se aparezcan para tratar de ser mi luz nuevamente.

Con cariño te digo adiós, te he olvidadomarionetas

Souldeth V

Capítulo V

 

Capítulo V

 

Infancia infinita

 

Su encuentro con Aziza la había dejado severamente afectada, decidió que intentaría ir directo hasta la tumba de su madre, en el fondo sabía que de presentarse algo importante terminaría por detenerse, como siempre le pasaba, pero evitaría parar lo más que pudiera, llego a una intersección llena te tumbas antiguas, a lo lejos todo parecía en paz, la mayoría de los espíritus  se encontraban lo suficientemente lejos del corredor por el que se desplazaba, parecía que esta vez avanzaría lo suficiente, eso la lleno de paz.

Las lapidas a su alrededor empezaban a tornarse aún más antiguas, las caras del Dios que conocía empezaron a cambiar por las de otros dioses, algunas le parecían familiares, las había visto en los libros que su madre solía leerle por las noches, comenzó a caminar más lento, contemplaba con más avidez esos rostros tallados en mármol,  los rostros lejos de mostrar paz y armonía, tenían una mirada de furia y guerra, no podía negar que eran hermosas imágenes, pero al mismo tiempo eran aterradoras a su manera.

Se detuvo en una tumba diferente a las demás, era una especie de doble lapida, en ella se veían dos nombres, pero no podía distinguirlos, esa como si alguien intencionalmente hubiera destrozado las letras hasta formar unas nuevas, a primera vista podía leerse Kristonto y Menessio, trato inútilmente de leer las inscripciones y las fechas esculpidas, pero al igual que los nombres habían sido alterados,  pues se rezaba que habían nacido en el 12181 y habían muerto en el 12095 lo cual era imposible, o por lo menos ella no recordaba ninguna era con esas cifras, ninguna civilizada por lo menos, y si su memoria no le engañaba, los dioses que había dejado atrás eran Apolo y Poseidón.

Sintió mucha curiosidad al ver aquella tumba, pero decidió seguir caminando, pues no tenía sentido hacerse preguntas que no tenían respuesta. El viento soplo con fuerza, haciendo que uno de los arboles aún vivos en el cementerio se cimbrara fuerte agitando sus hojas, unos leves susurros llegaron a ella con el viento

– Agárrate con fuerza torpe, vas a caer y te va doler como los mil demonios –

– Que te he dicho que estoy bien agarrado cara de pez, no te vayas a soltar tú que tu fea cabeza de patata podría quedar aún más deforme si te caes –

– ¿Yo deforme? Si mi trasero ganaría un concurso de belleza si tu cara fuera el contendiente –

– ¿Desde cuando los culos gordos participan en concursos de belleza?-

– Habría que preguntarle a tu madre, ellas quien me ha dicho que es más hermoso que tú, de hecho lo ha besado un par de veces más que tu rostro –

– Ahora eres aún más idiota, pues no es solo mi madre, sino que es también la tuya –

Dayreen buscaba en los alrededores esperando encontrar a los dueños de esas voces, le había causado una gracia tremenda aquel concurso de insultos y ahora esperaba ver a los dueños, no recordaba la última vez que había reído tanto. Una ráfaga de viento aún más intensa que la primera golpeo nuevamente su rostro unto con todos los objetos a su alrededor, el árbol se agito con fuerza de nuevo, pero esta vez trajo consigo un par de gritos

– Te he dicho que te agarres bien, suéltame que nos caeré… –

Frente a ella cayeron del árbol dos cuerpos totalmente descompuestos, su figura era la de un par de chicos de no más de nueve años, vestían con telas bastante rotas y con un par de sandalias de cuero que llegaban con ataduras casi a sus rodillas, uno de ellos era de cabello lacio y castaño, de ojos miel, el otro era de cabello ondulado y rubio, de ojos verdes se repartían insultos y maldiciones uno después del otro, mientras trataban de incorporarse. Finalmente ambos se pusieron en pie, mientras uno de ellos se sobaba la cara, el otro se sobaba el trasero con aparente dolor.

– ¡Vaya! Parece que el culo gordo de alguien ha dejado de ser hermoso ¿No crees? – dijo el pequeño de ojos color miel

El rubio se sonrojo, pero se puso a mirarse la parte de atrás con asombro, volteaba insistentemente a la cara de su compañero y nuevamente a su trasero una y otra vez.

– No hay de qué preocuparse, sigue siendo mil veces más hermoso que tu rostro de rata tras la caída – replico el rubio

Esto pareció acabar con las palabras del otro quien inmediatamente lo tacleo, empezaron a pelear rodando en el piso, se daban golpes en todo el cuerpo, pero era la clase de golpes que se dan entre los amigos, de esos que te duelen, pero que no te lastiman, así continuaron por un minuto más o menos, hasta que ambos agotados terminaron echando aire por la boca  y mirando al cielo.

Dayreen aún se reía sin cesar, tratando de no hacer demasiado ruido, pus no quería interrumpir a los chicos que tenía frente a ella, nunca había visto un par de chicos así, y quería disfrutarlo por completo, para su mala fortuna, no pudo contener su “risa graciosa” y tras perder la compostura hizo un sonido como de un pequeño cerdo, lo cual hizo que se pusiera roja de la vergüenza y a su vez hizo voltear a los chicos de inmediato con ella, fundiendo a los tres en una carcajada sonora  y estruendosa que hizo voltear a más de un espíritu alrededor .

– ¿Ves lo que has hecho? Hiciste que a la pequeña se le olvidara como reír con tus estupideces – dijo con una sonrisa el pequeño de ojos verdes

– Hola, mi nombre es Dayreen, lamento haberlos espiado, pero sus peleas me causaron mucha gracia –

– Bahh, no te preocupes, aunque debo decir que sabemos quién eres, aunque no sabíamos cómo te llamabas, más de una vez te hemos visto caminar por ahí, y otras veces en una tumba. Mi nombre es Kristo y este orate es Melessio, mejor conocido como Menessio, ya que es más terco que una mula en celo – dijo el castaño

– Así es, él es también conocido como Kristonto, pues es tan pero tan tonto que una vez se comió un centenar de mocos, porque le dije que de ahí salía la gelatina –

– Eso no fue graciosos Melessio, mama me castigo un mes y mis compañeros del coliseo me aporrearon a diario hasta que Kyros se orino en la clase de combate, cuando sacaron al león – reprocho Kristo

Nadie pudo contener la risa tras semejante anécdota, esta vez duro un poco menos, pero Dayreen se empezaba a sentir en confianza con aquel par de traviesos fantasmas, no pudo hacer otra cosa que llenarse aún más de curiosidad, esta vez combinada con algo de aprecio y pregunto

– ¿Qué hacen un par de niños tan graciosos en un lugar como este? –

– Gozar de la buena vida, o debería decir, de la buena muerte, Melessio y yo tenemos una apuesta, el primero que encuentre al enterrador y no regrese corriendo a su tumba es el ganador – respondió Kristo

– Al día de hoy estamos empatados, tenemos algunos años así, pero esperamos a que algún día lleguemos al final de esta batalla –

No podía ser una coincidencia, ya eran demasiadas veces que escuchaba sobre el enterrador, y aunque no tenía ni la más mínima idea de que estaban hablando, ya empezaba a sentir una curiosa necesidad de saber quién era aquel sujeto.

– ¿Entonces a veces corre uno y después el otro al ver a ese enterrador? –

Ambos chicos se miraron y se rieron afanosamente

– Se podría decir que vamos cero a cero –

– ¿Es que acaso nunca le han visto? – Interrogo Dayreen

– Bueno, más bien diremos que ninguno de los dos ha evitado correr en cuanto lo vemos, pero oye, somos niños y ese hombre es aterrador, su mirada te congela, a veces puedes sentir el miedo que dan los peores monstruos que existen en la mitología, creo que la misma medusa se volvería piedra al mirarlo – dijo Melessio

– ¿Y cómo es que están muer… aquí, en este cementerio? –

Los chicos se miraron,  Kristo puso su mano en el hombro de Melessio quien había agachado triste la mirada.

– Hemos muerto injustamente, se nos ha acusado de un pecado que en nuestro tiempo era el peor de todos, nuestra vida ha sido tan corta, vimos morir a nuestros padres frente a nosotros, y no solo a ellos, sino a muchos de nuestros amigos también –

– ¿Es que acaso, han roto alguna regla importante o juramento? ¿Desobedecieron a sus padres? ¿Han robado algún juguete de alguien más? – Dayreen pregunto con inocencia

– Nada de eso, nuestro pecado más grande ha sido el ser niños en un mundo de hombres llenos de ambición y lujuria, enfermos de poder y gloria, de esa de la que no respeta la vida de los demás, como la que buscaban Aquiles y Héctor – recordó Kristo

– ¿Es que acaso me están diciendo que ustedes murieron en la guerra de Troya? ¿Estoy entendiendo bien? –

– Has entendido de maravilla, Kristo y yo fuimos los primeros en descubrir el engaño del caballo de los griegos, ni siquiera se dieron cuenta que teníamos las mismas raíces, nuestro padre era griego, era algo así como un consejero enviado a los persas en señal de paz –

– Todo ocasionado por Helena, esa mujer que provoco una guerra y sinceramente no se merecía ni un jugueteo de mi mano derecha con mi… – Melessio se detuvo por un pequeño golpe de Kristo e el hombro

– Entiendo, fueron víctimas de sus compatriotas debido a la ira de Agamenón, el rey griego que juro destruir Persia –

– Así es Dayreen, pero para mí todo era una treta de reyes, no fue una mujer o un hombre enamorados el motivo de la guerra, era solo cuestión de excusas para iniciar una guerra que cubrió de muerte un imperio –

Los dos chicos caminaron lentamente a sus tumbas acompañados de Dayreen, no parecían cansados, solo querían estar cómodos en sus lugares de reposo. Al llegar  solo se sentaron cada uno en sus lapidas, mientras que ella se sentó en el suelo, os pequeños no perdían el ánimo, pero se notaban afectados, como cualquier persona que recuerda la tragedia que ha vivido.

– ¿Por qué no han cruzado a cielo? Sus padres deben de estar esperándolos con mucho amor y extrañándolos demasiado –

– Eso es muy sencillo Dayreen, nosotros podemos ir y venir del cielo cuando queramos, hemos visto a Dios a la cara, y nos ha dado la oportunidad de seguir divirtiéndonos, pero preferimos estar aquí, pues extrañamos la vida que nos fue arrebatada – musito Kristo

– Además nadie ha ganado el juego, por eso estamos aquí contigo – soltó Melessio

Kristo abrió los ojos sorprendido y de nueva cuenta, dio un puñetazo en el hombro a su hermano, Dayreen noto el gesto y quedo sorprendida ante la acción

– ¿De qué hablan? ¿Por qué su juego tendría que ver conmigo? –

– ¿Es que acaso te has vuelto loco Melessio? Se suponía que eso sería un secreto entre nosotros, ahora nuestra amiga está asustada –

– Precisamente porque es nuestra amiga ahora no podemos dejar de decirle la verdad, ¿Realmente pensabas en dejarle marchar sin decirle nada? – dijo Melessio resignado

– Claro que pensaba decirle, pero no de esta manera cabeza dura, no es algo que alguien quiera saber así como así, debiste consultarlo conmigo, tal vez no hoy, tal vez otro día –

– ¿Y qué tal si hoy es el día, y que tas si no hay un mañana? No podría descansar en paz sabiendo que dejamos a una amiga a la deriva, ¿Qué no aprendiste nada con lo que nos pasó a nosotros? –

Dayreen no entendía nada, pero de algo estaba segura, estos dos chicos que tenía enfrente, no habían caído frente a ella por casualidad, ni lo era el hecho de que estuvieran en la copa de aquel árbol en el que ella se encontraba tan cerca, uno de ellos menciono que la habían visto antes en una tumba, tal vez se referían a alguna otra ocasión en la que la habían visto llegar a la tumba de su madre, pero ese no era el punto, lo que verdaderamente importaba era que tenía que ver ella en todo este juego que los chicos traían entre manos.

– ¿Pueden decirme a que se refieren? Creo que estoy empezando a sentirme incomoda con lo que escucho que dicen, ¿Ustedes saben algo que yo no? – Interrogo la pequeña

– Con un demonio y mil más, te digo que puede no ser la mejor opción que lo sepas de nosotros, pero creo que al final de todo hay una historia más que debemos de contarte, solo te pido que no pierdas la cabeza y que pienses muy bien antes de reaccionar y sobre todo recuerda que no somos tus enemigos, pues lo que ha pasado no ha sido obra más que del destino, el mismo destino que nos puso aquí injustificadamente, creo que es momento de que sepas que es lo que pasa aquí – finalmente cedió Kristo

Dayreen se ponía cada vez más nerviosa, no tenía idea de a que se referían, pero toda la situación la llenaba  cada vez más de intranquilidad.

– Debo confesar que al principio no nos habíamos dado cuenta, antes de jugar con lo del enterrador, nosotros nos la pasábamos por acá molestando otros espíritus, si mal no recuerdo, incluso desaparecimos una buena cantidad de tiempo debido a que nos habíamos terminado las ideas para divertirnos en este lugar, pero todo cambio hace un par de años, a dos corredores de aquí se encuentra la tumba de Otis – se detuvo Melessio

– Lo íbamos a visitar de vez en cuando, era un poco amargado, pero también era bastante aventurero,  fue el primero en darse cuenta, de hecho también fue el que invento el juego del enterrador, nosotros nos llenamos de ansiedad de ganarle en su propio pasatiempo. Caminábamos por horas detrás de Otis, quien a su vez siempre iba detrás del hombre de la capucha negra, antes de comenzar la competencia, digamos que estudiábamos sus movimientos, queríamos saber qué intereses tenia y cuál era la ruta que tomaría – termino Kristo

Dayreen escuchaba atentamente, llena de intriga y de inseguridad, las dudas se arremolinaban en su cabeza, ¿Cómo habían pasado de un festival de carcajadas a una plática tan sombría? A pesar de que no sabía bien cuáles eran las razones de sus nuevos amigos para estar cerca de ella, les había tomado un gran aprecio, al ver sus semblantes se preocupó por ellos, era obvio que no están acostumbrados a estar tristes, pues aun en su muerte, habían encontrado la manera de seguir sonriendo, de seguir jugado. Los risos de Melessio  e movían al ritmo del viento, al igual que los mechones lacios del cabello de Kristo los ojos de ambos se llenaron de el reflejo de la luz solemne de la luna, cual fuego de velas que se mece con el viento.

– ¿Qué es lo que les ha pasado entonces? ¿Qué sucedió con Otis? –

– Pues, no teníamos idea de lo que el enterrador era capaz de hacer, pensamos que no era más que un hombre que hacia rondines por así noches, al menos eso parecía a simple vista, pero lo que sucedió después acabo con nuestro pensamiento de inocencia, ese hombre no es normal, es un monstruo – dijo Kristo

– Era apenas la tercera competencia que teníamos, Otis estaba muy decidido a ganar, pero nosotros ya teníamos un plan para superarlo, yo atacaría por enfrente y mi hermano por detrás, le asustaríamos y nos declararíamos ganadores – Melessio guardo silencio

– Otis estaba preparado para hacer su movimiento, no sabíamos que haría, pero se veía muy decidido. Llego a la intersección que habíamos acordado, una que se convertía en cinco pasillos diferentes, sabíamos que después de ahí, faltaba poco para que llegara a su destino, era ahora o nunca, teníamos que asustarle primero, llegue por la parte de enfrente hacia él, poniendo una cara de espanto y haciendo ruidos aterradores, Melessio llego por detrás gritando con toda sus fuerza –

– ¿Lograron asustarle? ¿Qué hizo Otis? – la curiosidad consumía a Dayreen

– Lo que paso fue que… me petrifique, nunca había visto unos ojos así, era lo único que podía ver debajo de su capucha, brillaban como el más eterno de los fuegos, eran rojo incandescente, no pude moverme, mientras se dirigía a mí, no sabía que iba a hacerme, pero estaba seguro de que no iba a gustarme – dijo Kristo

– Yo le gritaba a Kristo que corriera, que se moviera, no sabía que estaba pasando, solo sé que no se movía y yo tenía que salvarlo, pero para empeorar las cosas, de la parte superior de un árbol, apareció Otis, cayendo justamente al lado de mi hermano, el resultado fue el mismo, se quedó sin poder moverse, yo solo tenía una oportunidad para hacer algo para salvarlos, pero no sabía cómo, el enterrador se acercaba lentamente a ellos, corrí tan rápido como pude, cerré mis ojos y con toda mi fuerza derribe a mi hermano –

– Cuando mi vista dejo de hacer contacto con la suya, recupere el movimiento, salió del fondo de mi garganta el grito de terror que tenía atorado, llamamos a Otis una y otra vez mientras nos alejábamos, nos escondimos detrás de una lápida y desde ahí lo pudimos ver todo –

– Tomo a Otis por el cuello y lo levando mirándolo directamente, sus ojos brillaron aún más y de pronto el cuerpo de nuestro compañero se comenzó a volver vapor, y ese vapor era absorbido por los ojos del enterrador, no pudimos hacer nada y Otis desapareció – termino Melessio

Los chicos miraron a Dayreen llenos de culpa y a la vez de tristeza, esta parecía sorprendida y asustada, su mirada mostraba estos sentimientos.

– ¿Y que tiene que ver todo esto conmigo? – pregunto la niña

Kristo y Melessio se miraron fijamente, sabían que tenían que decirle la vedad a Dayreen en este momento para que no corriera más riesgo, al principio la habían visto como una oportunidad de saber más del enterrador y averiguar si había alguna forma de recuperar a Otis, o por lo menos saber dónde estaba o si estaba bien, pero esta niña era un alma buena, era como un ángel, no podían permitirse que el enterrador la dañara.

– La verdad es que, Otis descubrió al enterrador por dos cosas, la primera es que se la pasaba persiguiendo fantasmas, la segunda es que siempre se dirigía a una tumba en particular – dijo Kristo

– La tumba a la que se dirigía cada noche es la de una mujer que descansa a unos corredores de ese mismo camino que se vuelve cinco, esa tumba es la de Ayleen D. – revelo Melessio

Dayreen no daba crédito a lo escuchado, el enterrador iba a la tumba de su madre, si este hombre cazaba fantasmas, eso podría explicar porque jamás había sido capaz de ver el fantasma de su madre, seguro que el la tenía, tal vez se dio cuenta de que Ayleen tenía una hija, tal vez él quería coleccionar su alma, claro, ella no sabía que efecto tendría en alguien vivo, pero no quería averiguarlo, tendría que investigar un poco más, porque si sus sospechas eran ciertas, su madre estaba atrapada y ella tenía la obligación de ayudarla a escapar y derrotar a este hombre que atemorizaba el lugar de descanso .

– Esta noche no le hemos visto, pero noches anteriores a esta sí, y ahora, te está siguiendo a ti, tienes que cuidarte de él, ve a la tumba de tu madre y haz oraciones a tu Dios, despídete de ella para siempre y no vuelvas más – recomendó Melessio

Dayreen tomo él cuenta el consejo de los dos chicos y les agradeció infinitamente por su información y preocupación, les dio un fuerte abrazo y les pidió que se cuidaran, recordó que en su mano derecha cargaba con un par de pulseras que había hecho con su madre y puso una en la mano izquierda de cada chico, les dijo que era un símbolo de gratitud y amistad, que volverían a verse muy pronto y que no se preocuparan, ella estaría bien o por lo menos eso pretendía.

Ambos chicos correspondieron al abrazo con mucho entusiasmo, le prometieron que buscarían ayuda, que no la dejarían sola, que si decidía no volver ellos lo entenderían, pero que si volvían a verla la protegerían de quien fuera y que no dejarían que el enterrador les arrebatara otro amigo.

Dayreen se marchó lentamente y con mucho más cautela que al principio, camino hasta que los chicos casi vieron su silueta desaparecer en el horizonte del camposanto, ambos tocaban sus pulseras con la otra mano, se miraban fijamente, el silencio duro apenas unos segundos

– ¿Por qué no le has contado toda la verdad? – pregunto Kristo

– Porque tengo la sospecha que de habérsela dicho, ella habría entrado en pánico, le hubiera hecho mucho daño, en todo caso, ¿Por qué no se las dicho tú? – respondió Melessio

– Ya lo has dicho tu hermano, creo que pensamos igual después de todo, debemos conseguir ayuda de alguien más, no podemos permitir que nada malo le suceda –

– ¿Y por qué no se la digo yo?… –

Los chicos se miraron a los ojos, ¿De quién era esa voz?, estaba detrás de ellos, voltearon lentamente hacia atrás llenos de terror, todos sus temores se habían materializado, ambos chicos se quedaron petrificados cuando los ojos color esmeralda los vieron fijamente.

El primero en ser absorbido fue Melessio, después Kristo, este último tuvo un golpe de suerte, pues el enterrador se distrajo con un ruido y dejo de mirarlo por un segundo, mismo segundo que le sirvió para gritar con toda su fuerza

– ¡Dayreen, está aquí, va directo hacia a ti y quiere atraparte! –

Después de esto fue absorbido al igual que su hermano, pero su grito no había sido en vano, Dayreen lo había escuchado y acelero su paso un poco más, preparándose para enfrentar al monstruo.

Allá donde los chicos habían existido, quedaron solo dos pulseras en el piso, una sobre otra, el sonido de unas botas pesadas, caminando por los pasillos fue lo último que se escuchó.

 

enterrador

Souldeth IV

Capitulo IV

 

Capitulo IV

 

El dolor del olvido

 

Siguió caminando después de su último encuentro, siempre se sentía un poco cansada después de ayudar a alguien, pero no tanto como para no seguir en su trayecto, era una misión que no se podía abandonar, la satisfacción de formar parte del fin de un doloroso ciclo la obligaba aun a querer seguir interviniendo. Muchas historias se había topado en su haber, cada visita era una aventura extenuante, se empezaba a sentir sabia, como aquella persona que conoce demasiados lugares en poco tiempo.

No faltaba mucho para llegar a la tumba de su madre, pero eso no era garantía de nada, pues en Souldeth todo podía suceder, pues no solo se había topado en sus viajes con historias como la de Amiel y Sarah, recordó la de Dylan y Kevin un par de gemelos que conoció años atrás, uno fanático del rock pesado, siempre llevaba un bastón, mientras Kevin era un fiel seguidor de los Pixies, honorable y preocupado, casi un ángel, recordó también a Santiago y a Carlos, padre e hijo, quienes contaban una historia bastante difícil de tragar, lo de ellos databa de antes de la llegada de la tercera guerra mundial donde los ángeles y los demonios (según los libros) habían tenido algo que ver en la llegada de la nueva era.

A veces se escondía detrás de las tumbas, si comparamos su visión con la de una persona normal sería tanto como un saldado que ve en la noche al enemigo con sus propios ojos contra otro que usa lentes para detectar el calor de los cuerpos, esta vez intento dejar a los muertos llorar sus pérdidas, pretendía llegar más temprano pues como cada noche esperaba que el espíritu de su madre se presentara, jamás había podido verla, pero como cada noche, estaba llena de fe.

No paso mucho tiempo para que viera una figura femenina llorando al pie de una tumba llamativa, llena de flores y querubines, de un diámetro pequeño y sencillo, pero adornada como cualquier príncipe querría, nuevamente utilizo todo el sigilo que le aprendió a los gatos de aquel lugar, camino despacio aun arrastrando esas estúpidas muletas, iba lento, despacio, pero algo en su cuerpo la traiciono, el par de armatostes metálicos que la acompañaba de sus muslos a sus pies rechino por primera vez en años.

No era casualidad se dijo a sí misma, era el destino y ese no se podía modificar , no pudo modificarse con la muerte de su madre, entonces ella entendió que el destino solo pasa, como la brisa en verano, como la caída de hojas en otoño, como el frio en invierno, siguió de caminando con la frente en alto y tratando de mostrar una cara desinteresada, no había sorpresa en lo que estaba por pasar, pues apenas dio cinco pasos y quedo a 3 metros de aquel fantasma, este lo diviso sin problemas volteando a derecha, no la llamo por su nombre, ni siquiera se le quedo viendo fijamente como Amiel, esta vez simplemente el fantasma, regreso a sollozar directo a la lápida.

Fue ella, esta vez fue ella la que al ver ese dolor en la mirada, esa perdición en esos ojos negros, tuvo que acercarse.

– ¿Cuál es tu nombre? – pregunto la pequeña

– ¡Aziza! – Respondió el fantasma

– ¿Por qué sufres así?- Interrogo Dayreen

Aquella chica cubierta por velos que daban vuelta en su cabeza no respondió, se limitó a darle una mirada, no más que una mirada, sus verdes ojos y su piel tostada regresaron a aquel lugar obscuro.

Este era el momento para que Dayreen se alejara, para que huyera de la responsabilidad de tener que hacer algo, pero como toda mujer y aun mas, como toda heroína, espero a que el sollozo de Aziza terminara, en el fondo sabía que ya no era cosa de aquel fantasma, era cosa de ambas y así tendría que solucionarse, entre ambas.

– ¿Y qué pasa Aziza? ¿Por qué tu alma sufre tanto?- pregunto

– Eres tan pequeña, tan inofensiva, tal vez no tano como ella, pero te aseguro que tu como ella tienen un lugar donde descansa, no como yo, que cada noche vuelvo a este lugar – respondió

La respuesta de Aziza no había hecho más que confirmar lo que Dayreen se temía, todos esos querubines y esa tumba pequeña, eran de una niña, de una niña posiblemente más pequeña que ella, y eso le dolía demasiado, solo pensarlo, seguro pudieron ser amigas y jugar juntas, pero la vida no era así de tierna, no era tan dura arrebatar a una madre de una hija, sino lo contrario a una hija de los brazos de su madre.

– No sé qué te paso Aziza, pero lo que puedo decirte es que si tú fueras mi madre llorándome todo este tiempo, te abrazaría hasta llegar al cielo –

–  ¿El cielo? ¿Qué hay con él? No tiene nada de especial, nunca he estado ahí, pero si toma bebes, animales y gente buena, no puede haber nadie bueno tras de el –

– El dolor te hace hablar, en mis más duras noches, en mis más solitarios días, siempre pienso en el cielo y cada día descubro que es real – Defendió Dayreen

– ¿De qué hablas? Yo sé que el cielo es mejor que esto, el motivo de tu desprecio, solo es el acompañante de tu dolor –

– No sabes nada, y ciertamente yo tampoco lo sé, pero estoy seguro de que en el fondo tú sabes que necesitas reposo, tranquilidad y paz –

Aziza nuevamente dirigió una mirada a la pequeña que estaba detrás de ella, no entendía por qué esta niña estaba interesada o preocupada por ella y su situación, seco sus lágrimas, se volteo completamente hacia ella y se puso a analizarla tanto como pudo, sus ojos eran tan hermosos como los de ella misma, su mirada desprendía un aire de inocencia que solo era opacado por lo profundo que parecían ser sus palabras, cuando realmente puso atención, se dio cuenta que aquella no era una niña normal y decidió continuar su conversación

– Ya sabes cuál es mi nombre, ahora me gustaría saber el tuyo y me gustaría que me contaras que haces aquí – Le dijo Aziza forzando una sonrisa

– Mi nombre es Dayreen, estoy aquí de visita a la tumba de mi madre, no me queda mucho trayecto, pero me gustaría pasar más tiempo con ella, como ves, yo también he perdido a un ser importante en mi vida, tengo mucho tiempo sola, pero no me permito ponerme triste, lo hago por ella –

– No me cabe duda que eres fuerte Dayreen, pero no entiendes que nuestra situación es completamente diferente, se supone que un hijo entierre  a sus padres, no al revés, un hijo que entierra a su padre, continua su legado, un padre que entierra a su hijo ve morir el suyo –

Estas palabras abrieron por completo la perspectiva de Dayreen, pudo sentir el dolor que Aziza cargaba, era más grande de lo que ella pensaba, pero para entender por completo tenía que pedirle algo más

– Me gustaría saber tu historia Aziza, ayúdame a entenderte, tal vez si lo haces, te sentirás mejor, mi madre decía siempre que desahogarse te liberaba –

Los ojos de aquella chiquilla penetraron hasta el fondo de su alma, algo la obligo a ceder, reviviría una vez más su dolor, pero de alguna manera sabía que era lo correcto, era momento de dejar que alguien la escuchara, después de tantos cientos de años

– Nací cerca del año1300 en la ciudad de Damasco, fui criada en un ambiento espiritual y conservador, por aquel entonces, las más bellas mujeres eran solo sirvientes sexuales de los gobernantes, pero no yo, mi posición cercana a la realeza me permitía tener mucha libertad, tanta como nuestras creencias le permitían tener a una mujer, yo era muy feliz con eso, se me enseño desde muy pequeña a servir a los hombres, pero también se me enseño la valía del abolengo, me gustaba leer y escribir aunque esto último no era del todo apreciado, pues aun entre riquezas, las mujeres no teníamos derecho a ser partidarias de la voluntad propia, sin embargo yo soñaba, creía que podría cambiar las cosas, más cuando me di cuenta del desfile de pretendientes que mis padres rechazaban a mi nombre, supuse que ellos pretendía que me casara por amor, no por un arreglo como nuestras costumbres dictaban desde siempre, no sabía que era lo que realmente me esperaba, de haberlo sabido, hubiera cambiado las cosas –

Aziza dejaba el corazón en cada una de sus palabras, Dayreen sospechaba de a poco lo que venía a continuación en esta historia, pues al ver aquellos ojos verdes pudo darse cuenta que nuevamente el amor por otra persona, tenía algo que ver con el desenlace de la misma

 – La situación cambiaria cuando Dareh llego, era rico, galante, venia de una familia posicionada aun por encima de la mía, lo podríamos definir como el primo del Rey, yo había escuchado de él, de su cabello negro rizado, de su fuerza en la batalla al venir de un padre militar, lo conocían como la sombra de Damasco y así, un día simplemente llego y encanto a mis padres, encanto a todos, menos a mí, por otro lado su hermano menor Gazsi llego con él, eran muy parecidos aunque completamente diferentes, era un caballero, era perfecto, su único pecado era no ser primogénito, fue entonces que mis papas me vendieron, me canjearon por poder, y ahí me di cuenta de que no rechazaron a los demás por mí, esperaban un príncipe y había llegado, me di cuenta de que era solo una moneda de cambio que fortalecería relaciones, no me enoje, me decepcione, Dareh dedicaba todo su tiempo a las cúpulas elitistas, Gazsi estuvo cuidándome la mayor parte del tiempo que su hermano se encontraba de viaje, al principio creí que lo hacía solo en nombre de su hermano, para asegurarse de que yo no le faltara a su honor, pero poco a poco me di cuenta de que él estaba muy interesado en mí, más de lo que yo creía… –

– Yo poco a poco empecé a desarrollar un sentimiento debido al gran interés de Gazsi en mí, yo sabía que era una mujer casada, pero a causa de los “importantes viajes de Dareh” ni siquiera pudimos consumar nuestro matrimonio, de vez en cuando volvía con regalos, comíamos en la misma mesa, incluso dormíamos en la misma cama, pero éramos dos desconocidos, sus regalos se apilaban sin abrir en el rincón de mi de la habitación donde tenía mi ropa, no me molestaba en abrirlos –

– No me imaginaba que así fueran los matrimonios, recuerdo que cuando mi madre estaba viva, al principio mi padre legaba y la tomaba entre sus brazos, la cargaba y le daba vueltas, eso la hacía reír mucho, pero después el obtuvo aquel gran trabajo que lo alejo de nosotros igual que tu esposo se alejó de ti, pero por lo menos el siempre trato de estar presente y se preocupaba por nosotros, te entiendo – Dayreen se puso triste al recordar

Aziza pudo ver por un momento en el semblante de la niña un espejo, ambas sentían el dolor de la soledad, de la separación, en diferente escala, pero a final de cuentas, el mismo sentimiento obscuro, sin demorar más, continuo

–  Una noche mientras Dareh estaba lejos, su hermano me hizo compañía por los jardines del palacio donde vivíamos, el sabia de mis deseos de salir a la ciudad, pero al no poder desobedecer las órdenes de su hermano mando traer todo el mercado rodante dentro del palacio, sabía que seguía encerrada en una jaula de oro, pero por lo menos él le había puesto una ventana con esa acción, quede fascinada con cada uno de los puestos, me hice con algunos inciensos, mantas, semillas y fragancias, después de eso me acompaño a mi alcoba, sin mediar palabra me beso y me confeso su amor, yo no pude corresponderle del todo pues, era una mujer casada, así que le pedí que se fuera, él lo hizo sin poner objeción, pero dijo algo más antes de irse “No pasaran muchas lunas, antes de que nuestro amor se funda, y no hay nada que Dareh pueda hacer, lo quitare de en medio”

– No debe ser para nada fácil estar en esa situación Aziza, – dijo Dayreen asombrada

– No lo era, tenía un compromiso con alguien a quien no conocía y un lazo emocional con alguien prohibido. Tenía  ya medio año de casada cuando un sirviente me anuncio el retorno de mi esposo, esta vez vendría de manera definitiva, me puse nerviosa, Gazsi estaba molesto, fue a buscarme nuevamente por la noche a ms aposentos –

– ¿No lo entiendes Aziza? Él no te merece, regresara a quitarnos lo que sentimos el uno por el otro, te llena de obsequios vacíos y de caricias falsas, no puedo soportar la idea de que estés con él, tú deberías de estar conmigo – dijo Gazsi con desesperación

– No puedo romper mi matrimonio, no puedo faltar al honor de mi familia ni al de mis creencias, no importa si siento algo por ti o no, esto debe de parar – Aziza cerró la puerta de golpe

Gazsi golpeo la puerta de madera con toda su fuerza, gritaba mi nombre, repitiendo que tenía que ser de él, que habíamos nacido para estar juntos. No aceptaría un no por respuesta, su rencor era tal que juro por su Dios que tomaría lo que por derecho le correspondía por la fuerza.

El día anunciado había llegado Dareh arribo al palacio  cargado con regalos y una sonrisa perfecta, se había preparado una celebración de bienvenida, la cerveza y la comida estaba servida sobre una mesa que recibió al hombre de la casa, además de a sus generales que lo habían acompañado a través de sus viajes políticos. Cruzo la puerta enfundado en su traje de batalla mientras yo lo veía desde el balcón, entro en la capilla y presento sus respetos a sus ancestros y a su profeta, se quedó ahí.

No podía negar lo mucho que me dolía perder la cercanía que tenía con Gazsi, así que me arme de valor y baje a al altar lista para confrontarlo, para pedirle que me dejara en libertad, al acercarse a la entrada pude escuchar la voz de mi esposo

– Oh gran Señor he sido paciente, he viajado a cada lugar de las cercanías para formar una alianza, una que proteja a mi mujer, una que me permita formar una familia que esté libre de peligro, cumplí mi promesa de no tocar a mi mujer en todo este tiempo para no traer a un heredero a un reino inseguro, hoy ya no quiero ser más la sombra de Damasco, hoy solo quiero ser Dareh, esposo de Aziza, hermano de Gazsi, hoy te pido me des la bendición de ser padre pues estoy listo, a pesar de los consejos de mi hermano, compre un obsequio de cada una de las tierras que visite pues el recuerdo de la mirada de mi esposa no se iba, cargue con él en cada lugar, permíteme acercarme a ella –

Yo tenía una mano recargada en el marco de la puerta, la otra cubría su boca mientras las lágrimas rodaban por mi rostro, sin hacer ruido me aleje hasta las escaleras que conducían nuevamente a mi habitación, abrí la puerta que ocultaba todos esos regalos que me había mandado Dareh, abrí caja por caja y me arrepentí de mi soberbia apenas descubrí el contenido de la primera

Un hermoso collar de oro blanco con una esmeralda,  en el fondo de la caja, una carta redactada a puño y letra que iba dirigida a mí, en ella me explicaba todo, tras darme cuenta de esto, seguí abriendo los regalos, yo ignoraba las valiosas joyas y leí carta por carta, recuerdo cada palabra, pero de las más importantes, note las siguientes frases

“Me la paso pensando en ti, ruego porque cuando regrese entiendas que toda esta distancia solo ha sido para acercarme a ti”

“Gazsi me ha dicho que te sientes sola, que tal vez debería dejarte ir, pero mi amor egoísta no hace más que pedir una oportunidad de remediarlo todo, mis acciones podrán no ser las mejores, pero te juro que son nobles, porque son de corazón”

“Muero con cada luna que se esconde en el horizonte, la sola idea de un beso tuyo me devuelve el ánimo, el tiempo eterno muere asesino de tranquilidad con cada instante de tu falta”

“Hoy le he pedido a Gazsi que te lleve el mercado sobre ruedas al palacio, le ha parecido una tontería, incluso inapropiado, pero si tu felicidad es lo que está en juego, romperé todas las reglas que han sido impuestas, que Dios me perdone, pero prefiero verte feliz”

Dayreen apenas procesaba lo que aquella chica le estaba diciendo, Dareh no era ese guerrero torpe y sin sentimientos que se antojaba con las impresiones de las primeras palabras de Aziza, era solo un torpe y brusco guerrero enamorado, Gazsi había mentido en todos y cada uno de los días que había pasado con aquella mujer, ¿Cómo puede haber gente tan ruin en el mundo? La respuesta era muy sencilla, el amor y el poder son sentimientos similares, son acciones gemelas, pues ambas están llenas de ambición, solo que mientras el poder busca la felicidad propia, el amor busca la felicidad de alguien mas

– ¿Qué hiciste entonces Aziza? – Pregunto Dayreen

– Morir, matar y vivir, Morí en dolor al darme cuenta del engaño del que había sido víctima, mate el sentimiento falso que Gazsi había logrado despertar en mí y finalmente me decidí a vivir el verdadero amor que Dareh me ofrecía, aquel que era puro de corazón –

– En cuanto entro a l habitación y sin mediar palabra lo tome del rostro con mis manos, mis lágrimas aun caían por mis mejillas, y le dije que era el hombre más maravilloso del mundo, lo bese con toda la pasión que había en mi ser y me deje amar por el por primera vez y desde ese día cargue con el fruto de su amor que se abulto en mi vientre, 9 meses de espera llenos de detalles, de comprensión, de amor verdadero. Desgraciadamente estaba olvidándome de un sentimiento tan grande como ese amor, un sentimiento que tampoco muere…la venganza –

– Al nacer Anjum, nombre que le dio Dareh por su difunta madre, las cosas se complicaron, la guerra con los pueblos judíos se habían recrudecido, las invasiones a nuestros pueblos eran cada vez más comunes, Dareh se volvió a enfundar su traje de batalla, Gazsi que todo ese tiempo se había mantenido sin dirigirme la palabra nuevamente se quedó conmigo encargado de mi protección y la de mi hija, apenas me dirigía la mirada, pero de igual manera, yo sentía aun enorme rencor hacia el –

– llego una noche de guerra, las aldeas alrededor del palacio se preparaban para recibir el embate del ejército judío, yo estaba lista para tomar a Anjum y resguardarme con ella como Dareh me lo había pedido, enorme fue mi sorpresa al escuchar la puerta de mi cuarto partirse y ver entrar a Dareh furibundo, se acercó a mí y me golpeo con su mano abierta en la mejilla, la sorpresa no cabía más en mí, el miedo se había apoderado de mi cuerpo –

– ¡Eres una maldita! Jamás debí enamorar me de ti, nunca debí creer en tus mentiras, no mereces nada de mi –

– Dareh, ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué me hablas de ese modo? –

– No intentes mentir perra, ahora lo sé todo, ¿Cómo pudiste jugar así conmigo? ¡Con mi propio hermano! Ya no tiene caso que lo ocultes más, te daré tu merecido –

Al principio no entendía de que hablaba, pero a lo lejos pude notar a Gazsi sonriendo en la entrada, acompañado de 3 de los sirvientes más fieles del palacio, entonces lo entendí, los había comprado para mentir a mi esposo, le hizo creer que yo había sido de él, que habíamos tenido amoríos mientras el buscaba el bien de nuestra familia, mis explicaciones no sirvieron de nada, no había palabras que entraran en sus oídos

Escuche el llanto de Anjum que despertaba por todo aquel ruido y le pedí que reconsiderara sus acciones y me escuchara, por nuestra hija

– Esta bastarda no es mi hija, no lo será nunca, no es más que el fruto de tu aventura con el infeliz de mi hermano, no merece estar viva –

Mi dolor no podía ser más grande, al menos eso creí, hasta que lo vi tomarla con una mano de la cama cual trapo sucio, todo se me hizo demasiado lento, me incorpore, gritándole, extendí mis manos hacia ella, queriendo arrebatársela, pero era demasiado tarde, la arrojo desde el balcón y cayó hasta convertirse en un charco de sangre. Quede inmóvil

No pude articular palabra, apenas unos instantes después de eso, pude ver como caía en cuenta de lo que había hecho Dareh, estaba perdiendo la cordura, pues no aparto la vista de nuestra hija muerta, no duro mucho peso de pronto la sangre broto de su boca, la luna brillo en el filo de la espada que atravesó su pecho, Gazsi cumplía su venganza acabando con los dos seres que más amaba en el mundo.

Me encerró de un calabozo y solo me dejo salir para el funeral de mi hija, pues a Dareh lo tiro a un foso que rodeaba el palacio, quiso obligarme a ser su esclava, pro fui más fuerte que él, tome su daga y la clave en mi corazón, desperté aquí hace muchos años…

Dayreen no paraba de llorar la historia la había consumido, pero eso no era todo, o más bien, no era lo peor, pues al tratar de usar su don para ayudarla se dio cuenta de que no podía y eso se debía a una simple razón, Dareh estaba en el infierno, Anjum estaba ya de otro lado y al ser solo una bebe no podía usar su energía para llamarla pues esta no tenía noción de su nombre, Aziza estaba condenada a penar, por siempre

No fue necesario que se o explicara, ella ya lo sabía, así que solo volvió a mirar la tumba de su hija y se quedó llorando otra vez, como si nada hubiera pasado, Dayreen camino sin dejar de llorar, pero se forzó a seguir en búsqueda de su madre, esta noche había comprendido, que el amor no lo puede todo y que la gente si bien no nacía condenada, un solo instante de su vida, podía cambiar todo el rumbo de su destino…souldeth 4

Souldeth Capitulo III

Capitulo III

 

Prohibido

 

Dayreen camino tranquilamente mientras veía su silueta, no era la primer vez que lo veía, sin embargo jamás había tenido contacto con él, siempre estaba sollozando frente a la misma lapida, regularmente, ella esperaba a que ellos le hablaran, pues no le gustaba entrometerse ni causar molestias, además de que muchas veces, estos le quitaban algo de valioso tiempo para llegar a la tumba de su madre aun así, sabía que si le llamaban, no podría negarse

Aquel joven vestía ropas sencillas, su cabello negro y rizado era muy peculiar, una barba poblada que cubría su rostro lo acompañaba, intento cruzar detrás de el para no molestarlo, sin embargo, apenas dio un paso por su espalda y escucho como este vociferaba

– ¿Acaso  se puede estar más maldito? –

Las palabras llenas de dolor de aquel sujeto conmovieron a Dayreen un poco, y ella, de buen corazón como siempre había sido, se acercó hacia él, y puso su mano en el hombro del hombre

– No sé a qué le llames maldición, pero puedo asegurarte que quien sea que este en esa tumba piensa que la única maldición que tienes, es la de no poder sonreír al estar cerca de ella, no creo que quiera verte triste –

El hombre seco sus lágrimas con su manga al escuchar aquella voz, tan dulce e inocente, y aun así llena de sabiduría y buenos sentimientos

– Mi nombre es Amiel y quien descansa bajo esta lapida es Sarah, el amor de mi vida, tienes razón al decir que ella odiaría que yo estuviera llorando, pero no encuentro otra manera de desahogar mi dolor, el dolor de un amor que apenas nació y conoció el final, el dolor de la tragedia, la desgracia y la pena –

– Sé que el perder a alguien es algo que no se supera con facilidad, seguramente Sarah sintió lo mismo al perderte a ti, pero lo mejor que puedes hacer es desahogarte, cuéntame que paso, mi madre decía que a veces el hecho de decir cuál era la causa de nuestro dolor, hacía que se aliviara mas rápido, por cierto mi nombre es Dayreen –

Amiel asintió con la cabeza, se sentó sobre la el concreto de la lápida de al lado, suspiro, paso su mano para quitar el cabello de su rostro desde su frente hasta su nuca, y se dispuso a contarle todo para no ver si esto efectivamente apaciguaba su tristeza

– Conocí a Sarah cuando teníamos 12 años, yo había llegado de un pueblo lejano a la ciudad de Gradia por el trabajo de mi padre, desde el momento en que mis ojos se cruzaron con los de ella me perdí, su hermoso cabello rubio y su sonrisa eran algo que me trasportaba a la presencia de Dios, nunca disfrute tanto ir a una sinagoga como aquel día, paseábamos siempre que nuestros padres se reunían para discutir temas del templo, quedamos prendados el uno del otro –

– ¡Eso es hermoso! por favor continua Amiel –

– Al llegar a la edad de 17 años hicimos un juramento, estaríamos juntos toda la vida, hicimos planes sobre nuestro futuro y nuestra familia, nada podía salir mal, incluso nuestras familias parecían gozar el hecho de nuestro amor, ambos éramos de la misma clase social y la unión de nuestros apellidos significaría una alianza importante, pero eso no nos importaba a Sarah y a mí, solo queríamos compartir cada momento que nos quedara, todo iba de acuerdo a la ley de Dios, hasta que Gracia fue invadida por una colonia de gitanos

Al parecer recorrían ciudad por ciudad apoderándose de lo que podían, no eran guerreros, ni violentos, solo llegaban a poner sus mercados, se hacían con una casa y un local y dejaban una familia ahí, el resto se movía de ciudad, al parecer buscaban crear una red de negocios para generar un flujo residual de dinero, el problema es que nuestras culturas no son precisamente afines y entonces todos en el templo empezaron a perder la cabeza, los ortodoxos que eran casi todos, hablaban de sacarlos de Gracia por la fuerza si era necesario, tengo que admitir que incluso yo apoyaba esa idea

Una persona dentro del templo se paró frente a todos, les hablo del amor de Dios y de cómo debíamos de aceptar a los foráneos como parte de nuestra comunidad, nos recordó cuando los judíos fuimos perseguidos por el faraón por el pueblo egipcio, nos recordó también que el ser el pueblo elegido por dios, nos daba la obligación de servir al prójimo, muchos cambiaron de opinión, aunque la mayoría a regañadientes y con sus reservas –

– ¿Fue Sarah cierto? –

Amiel la miro sorprendido, no sabía en qué momento o cual fue la palabra que la había hecho deducirlo, pero la niña estaba en lo correcto

– Si, fue ella, mi amor por ella me hizo pararme a su lado frente a todos y secundar su pensamiento sin importar que en el fondo no estaba de acuerdo, la gente de la iglesia en una especie de “venganza” reunieron un concilio y nos mandaron a buscar a su líder para acordar una reunión para dialogar los términos de una tregua o más bien, un acuerdo

– Fue bastante sencillo localizar a Kavi, el patriarca de la colonia quien inmediatamente acepto, dejando a Bavo su hijo mayor a cargo de cualquier situación y con la condición de que nosotros nos quedáramos como “invitados” mientras él se reunía a acordar los términos, para mayor seguridad, a pesar de mis muchas negativas Sarah acepto con toda la confianza que cabía en ella –

– Por lo que veo tu novia tenía un gran corazón, además de hermosos sentimientos –

Los ojos de Amiel se llenaron de lágrimas nuevamente y continúo.

– Ojala hubiéramos sabido lo que estaba por venir, ojala hubiera confiado en mis instintos, debimos huir, jamás debí apoyarla en esa locura

– Bavo nos ofreció una taza de té de frutillas, mi desconfianza me hizo no aceptar pero nuevamente, Sarah la tomo sin reparos, la imagen de Kavi susurrando algo a su hijo antes de irse no me dejaba en paz, así que opte por abrir bien los ojos y estar alerta

– Al paso de una hora y mientras Bavo nos contaba sobres sus viajes por el continente note que algo cambiaba en Sarah, sus parpados parecían muy pesados, pero no se cerraban, sin embargo sus brazos caían a sus costados sin respuesta, fue ahí que sospeche aún más, me levante para reanimarla pero en cuanto le di la espalda sentí un golpe en la nuca y perdí el conocimiento –

– ¿Los gitanos los lastimaron aun después de que ustedes los ayudaron?-

Sus ojos fueron cubiertos por una sombra, so voz se transformó, pero aun así, siguió, lo que estaba por revelar, sería algo muy fuerte para una niña, pero al notar la madurez en ella, lo dijo sin siquiera dudarlo

– Cuando desperté estábamos atados, ella tenía los ojos abiertos recostada sobre la cama, yo estaba en una silla de frente a ella, Bavo se burló diciendo que ningún judío les pondría condiciones para estar en una ciudad y me explico que él te contenía una hierba paralizante, Sarah estaba consciente, podía sentir, pero no se podía mover.

– Me obligo a ver como él y sus amigos…-

Dayreen dejó caer lágrimas de sus ojos y noto como Amiel se detenía para no perturbarla a ella, pero odia ver en sus ojos como los recuerdos lo consumían

– ¿Qué paso después?-

– Cuando terminaron rompí mi dedo sin que se dieran cuenta para soltarme, tome un arma que tenían en un mueble cera de mí, los mate uno a uno mientras estaban distraídos, me acerque a Sarah, estaba pálida, no respiraba, murió sin que yo pudiera hacer nada, no pude despedirme de ella, use el arma para dispararme en la cabeza –

Dicho esto Dayreen tomo sus muletas y camino hacia aquel hombre destrozado, lo abrazo lloro con él, lo soltó y se acercó a la lápida poniendo una mano en ella y con su dulce ternura le dijo:

– Ella está en el cielo esperando por ti, ero al haberte quitado la vida no puedes cruzar, solo lograras el perdón cuando te perdones a ti mismo –

Amiel estaba sorprendido de lo que estaba pasando, lo que veía era algo increíble hasta para un muerto, la chica ya no era la misma que estaba con él y entonces pudo ver una metamorfosis increíble.

Su cabello se tornó rubio, su forma cambio, ahora era Sarah, tomo a Amiel de la mano y lo llevo hacia una luz, justo antes de entrar, su espíritu y el de Sarah se separaron, se había conectado con ella y lo ayudo a cruzar, justo antes de desaparecer Amiel volteo a verla y le dijo

– Ten cuidado con el enterrador, guarda un secreto, él nos puede hacer desaparecer, todos le tememos, si te ve, no sé de qué sea capaz, gracias por reunirme otra vez con mi amor –

Desaparecieron en el aire frente a ella, no conocía al enterrador, pero ahora sabía que debía de cuidarse de el

Fantasma-dama